La restauración del templo potosino avanza a buen ritmo, pero no hubiera sido lo mismo de no encontrarse unos cuadros robados el 2001.
Miguel Vargas • Fotos: Pedro Laguna
Era para llorar, no sabía qué decir... Cómo pueden sustraer los objetos coloniales, cómo están desprotegidas las iglesias”. La noche del 17 de diciembre del 2001, 10 de los 21 cuadros de la parroquia fueron robados. El párroco de San Benito, el sacerdote alemán Tomás Hermes, se enteró del suceso el mediodía del 18, cuando su compañero descubrió con espanto que las pinturas, que estaban listas para ser restauradas, habían desaparecido. ¿Podrían encontrarlas?
2005. El invierno potosino se anuncia en el añil de sus cielos. En uno de sus rincones favoritos, lejos del centro histórico, se levanta imponente la iglesia de San Benito. Construida en el siglo XVI con una sola nave de par y nudillo, estaba destinada a los indígenas mitayos de Urcosuyo y Cochabamba.
Y es un templo que ha visto varios cambios desde su construcción. Así, ya en el siglo XVIII el barroco cambió la cubierta de par y nudillo por cúpulas de media naranja, que lucen junto a la reformada planta en forma de cruz latina.
Después apareció el neoclásico, que blanqueó sus paredes policromadas de estilo mudéjar. En 1916 se derrumbó la torre de dos cuerpos y en su lugar se levantó una espadaña. Y desde hace tres años es objeto de una profunda restauración que pretende devolverle el aspecto y esplendor de sus inicios.
Navegando sobre los tejados y a sólo una caricia de las cúpulas, Osvaldo Cruz Llanos camina cuidadoso entre las tejas. Los techos son de su completo dominio, pues no sólo es técnico restaurador en piedra, sino responsable de las obras en el templo de San Benito. Con la mirada atenta, escudriña entre las rajaduras de la cúpula mayor y señala: “la humedad es la peor enemiga”.
Con tres años y medio dedicados a reforzar la parte estructural del templo, Osvaldo acaba de terminar el presbiterio tallado en piedra junto a otros profesionales.
Con todo, no es la primera vez que se restaura el edificio. “El templo ha sido intervenido en la época de la Corporación de Desarrollo de Potosí y hace siete años se trabajaron las cubiertas”. Sin embargo, se ha necesitado de nuevas obras, sobre todo en la cúpula mayor, que se ha impermeabilizado.
Concentrado en el trabajo de cimentación, la piedra y la consolidación de las fisuras, aparece el recuerdo de las obras hurtadas. “Lo más difícil ha sido recuperarse del robo, y me sorprendía y me sorprende todavía la inconsciencia de la gente que trabaja en lo referente al patrimonio, pues en las periferias no existe ninguna protección”.
El episodio desaparece nuevamente de la conversación, pues Osvaldo aún tiene mucho por enseñar. “La principal falencia es a nivel presupuestario, sobre todo para la parte del retablo. Las imágenes tienen un polvo de 100 años. Un porcentaje muy grande de la inversión es de fondos propios. El municipio colaboró con materiales como arena y cal. El resto es con ayudas que vienen de Alemania”.
Por dentro, el templo aún está desnudo. La ausencia de las obras se delata en las paredes. Eso sí, el espacio del presbiterio está listo. Hace no más de dos años tenía un piso cerámico sin ninguna definición y hoy revive el mudéjar español, como muestra la portada plateresca de la fachada. La obra, de 1586, está armada en calicanto y rellena en los muros con adobe.
Destaca también el púlpito renacentista y el retablo barroco del siglo XVIII, original del templo de Belén, el actualmente remodelado teatro municipal Modesto Omiste.
Asimismo, en el ala izquierda está la sacristía, donde se hizo una muestra inicial de cómo quedará el templo una vez restaurado. Inspirados en una alacena original, los motivos de la época han sido rescatados en la pintura mural y en las puertas, que estaban cubiertas con una pintura verde al óleo que al removerse ha dejado al descubierto la policromía original.
Al lado del colorido característico de la follajería barroca, entretanto, sobresale una puerta de madera que da al exterior. “Por aquí es que entraron los ladrones. Es un gran daño, pues cortaron las telas de sus bastidores”, explica Osvaldo. “¿Y los agarraron?”, salta la pregunta, pero queda sin respuesta cuando de repente se presenta el sacerdote Tomás Hermes.
El sacerdote alemán Junto a la puerta con dibujos en pan de plata el sacerdote Tomás Hermes se enorgullece de la obra. “Soy un sacerdote prestado por algunos años de Alemania. Llegué a Potosí hace seis años y medio. El obispo me trajo a la parroquia y me he dado cuenta de que es un templo bastante antiguo, mencionado incluso en las crónicas de 1587”.
Llamativo por su estilo arquitectónico, con nueve cúpulas blancas y bóvedas, el templo posee una colección impresionante de obras pictóricas. “Se trata de una serie de 12 cuadros sobre la vida de San Benito de Nursia, monje y abad italiano de los siglos V y VI y fundador de la orden de los benedictinos, que por cierto, nunca llegó a Potosí”. Y nadie sabe el porqué de esta iglesia, pero se presume que es obra de un español dueño de minas y devoto de San Benito.
Mientras, en sus palabras, el sacerdote deja notar que está contento con el trabajo, sobre todo con la portada, que resalta gracias a que San Benito está sobre una colina. Por eso casi nunca borra la sonrisa, sólo cuando le recuerdan el fatídico 17 de diciembre del 2001.
Leyendo en un espejo La noche del hurto los cuadros se encontraban apilados para su restauración, y no fue hasta el mediodía del miércoles que se percataron de la falta. La moral bajó en todo el barrio. Sin embargo, el atropello movilizó a la gente, empezando del párroco, quien se sumergió en una intensa búsqueda, recurriendo a todos los métodos que entonces se tenían a mano. “Así, para encontrar las 10 obras perdidas hemos consultado a los videntes, a los yatiris, a los que leen en coca y en espejos”.
El padre Hermes nunca creyó en este tipo de revelaciones, pero la sorpresa tocó su puerta al escuchar la sapiencia andina. “Después lo que dijeron los videntes y yatiris, era difícil no creer. Leyendo en coca y en un espejo dijeron que la mitad de los cuadros aún estaban en Potosí, mientras que otros los habían llevado a La Paz. También dijeron que los veían bajo tierra y que, si seguíamos orando, antes de que se cumpliera un año iban a aparecer. Nos recomendaron, además, que continuáramos insistiendo a las autoridades”. La coca les reveló que los cuadros estaban en una casa de dos pisos cerca del río, y en un edificio de similares características se descubrieron las primeras obras. Los yatiris también describieron cómo tres personas jóvenes habían ingresado por la sacristía. Finalmente, uno de los adivinos vio dibujado en el espejo el rostro de uno de los delincuentes.
Fue así que en menos de un año se recuperaron todas las obras. El 29 de noviembre del 2002 se encontraron seis cuadros en La Paz y dos días después aparecieron los otros cuatro, abandonados muy cerca del mercado artesanal de Potosí. Y actualmente las obras se recuperan de los daños sufridos por hongos, humedades y rajaduras en los talleres del convento de Santa Teresa.
Mientras, pese a los trabajos de restauración, el padre Hermes sigue celebrando misa en San Benito. “A veces es molestoso por la suciedad, pero se trata de un templo, no sólo de un monumento”. Y así, entre oficio y oficio, se espera la llegada de los cuadros restaurados en un año. Pero están tranquilos, pues un nuevo sistema de alarma les evita ya los dolores de cabeza.