En su discurso del 6 de agosto en Sucre, el presidente Eduardo Rodríguez citó al filósofo austríaco-británico Karl Popper diciendo que no había nada más vital “que ser capaces de considerar críticamente nuestras ideas, sin perder el valor y resolución de luchar por nuestras convicciones, aun cuando constatemos que estas convicciones siempre están sujetas a corrección, y que sólo corrigiéndolas podemos liberarnos del error…”, la cual no deja de ser una cita de profundo significado en el contexto boliviano dado que Popper cuestionó el criterio de significación, tan loado por los neopositivistas, en tanto favorecía la tesis de la “falsificabilidad” o “falsabilidad” de todo postulado epistemológico.
Como explica el filósofo español José Ferrater Mora, en términos generales la tesis de Popper propone “que una proposición es propiamente científica cuando puede ser 'falsada' por algún hecho que sería ejemplo de una posibilidad excluida por la proposición”. Así, Popper sometió a severa crítica a los universales del platonismo, al heguelismo y sobre todo al marxismo acusándolos de excesivo historicismo y hasta de fatalismo por su pretensión de formular derroteros vitales de individuos o de pueblos sin otorgar suficiente importancia a la capacidad de esos individuos o grupos de individuos de trascender toda ley “científicamente” formulada y hasta impuesta, como es el caso histórico del comunismo soviético que no pudo superar su propia inercia de fracaso.
En otras palabras y en concreto, urge recordar a un buen número de politicastros socialistoides bolivianos y a sus turiferarios no solamente bolivianos que si quieren tener la menor probabilidad de pervivencia más allá del sinuoso entusiasmo que los va llevando a las elecciones presidenciales de diciembre, que su izquierdismo marxista y/o su socialismo precolombino tienen que ser muy bien adaptados y hasta ajustados a las varias idiosincrasias que conforman las huestes bolivianas urbanas, suburbanas y campestres del oriente, occidente y sur de Bolivia. Esto porque tales idiosincrasias tienen como natural la desconfianza y el desacato, lo que torna enormemente difícil cualquier intento de teorizar soluciones basadas en pensamiento y/o raciocinio importados que por lo general dirigen su discurso a los habitantes de las zonas urbanas de Bolivia que son las que más denominadores en común tienen pese a los regionalismos recalcitrantes. Los demás son gregarios.
No sé si la intención del Presidente al citar a Popper conlleva un mensaje tácito a los doctrinarios historicistas que todavía intentan hacer política simplista. Lo que sí es cierto es que la cita conlleva una necesidad y hasta una obligación de gestar soluciones de una manera autocrítica… de modo que la propensión a la “falsabilidad” ayude a identificar la madre del cordero de la problemática boliviana.
Y la “falsabilidad” de toda política socio-económica que quiera aplicarse a Bolivia radica precisamente en la creencia generalizada entre los politicastros bolivianos de que el neoliberalismo, las políticas de mercado, lo socialista o lo socialistable mejor dicho, o lo que sea, no deben sujetarse a un serio y solemne proceso de análisis derivado de una compleja realidad que todavía (hay razón para creer que) busca, incluso a manotazos, permanecer boliviana.
Ahora, yo creo que esa “falsabilidad” radica en la ceguera y hasta desidia multiétnica y multicultural de la colectividad boliviana. Es decir, cada etnia, incluyendo desde luego la “etnia blanca” o blancoide, y cada cultura incluyendo también la blanca o blancoide, tiene una infinita capacidad de poner todos estos elementos en una sola probeta de examen y experimentación, cuando la verdad popperiana es que cada una requiere su propia probeta y su propia experimentación. Y no sólo eso, sino que la experimentación de cada etnia y cada cultura requiere ponderar dialécticamente la necesidad de conservar por sobre todos los peligros la integridad de Bolivia… Esto también dijo el Presidente acaso popperianamente.
*Jorge Ordenes es economista y educador.
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