La entrada folklórica de la Virgen de Urkupiña se celebró ayer en la localidad de Quillacollo, en Cochabamba. Destacó la danza y la devoción frente al alcohol y las campañas políticas. Fotos:FERNANDO CARTAGENA, fotógrafo de La Razón
Más de 10 mil danzarines protagonizaron la entrada folklórica de Urkupiña en el departamento de Cochabamba. A pesar del despliegue artístico de las fraternidades, la fiesta se empañó con los desmanes a causa del abuso del alcohol, el desorden y la aparición de políticos, a pesar de que se les pidió no participar.
Cientos de visitantes se dieron cita en Quillacollo para el espectáculo en honor a la Virgen que cada año atrae a por lo menos medio millón de feligreses. 55 grupos folklóricos demostraron fe y talento durante el recorrido de más de tres kilómetros.
La fiesta comenzó a las 8.00. A las 10.00 quedaban pocos espacios, motivo por el que los vendedores subieron el precio de los asientos, llegando a costar Bs 60.
Las fraternidades robaron todos los aplausos. En esta oportunidad, la entrada cruzó la ruta antigua que pasó por calles angostas, las que no abastecieron a la gran cantidad de asistentes.
El espacio entre un grupo y otro duró al menos 15 minutos, motivo por el que el público lanzó silbidos y abucheos, exigiendo que se agilice el paso de las distintas fraternidades. El paso se vio entorpecido además por la presencia de figuras políticas.
En la tarde, el alcohol dejó notar sus efectos, pese a la intensa campaña de la Iglesia Católica. La Policía se limitó a botar las bebidas y exigir el retiro de quienes protagonizaban desórdenes.
Pese a todo, la organización consideró la entrada como positiva. Redacción Cochabamba