El sábado pasado, el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela hizo el espectacular anuncio de que está dispuesto a financiar la publicación de 20 millones de libros "antiimperialistas" que se repartirán gratuitamente. La misión es "salvar al mundo del imperialismo norteamericano", dijo Chávez.
Uno se pregunta si hubo en la historia una edición mayor de una sola tirada. No podrá negarse que el proyecto hace honor a la tórrida imaginación caribeña del grandilocuente Mandatario. Si la empresa cumple sus metas, Chávez habrá ganado un honroso puesto en el Guiness Records.
La noticia fue dada conocer por el propio Mandatario en la clausura del XVI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, celebrado la semana pasada en Caracas. Allí Chávez fue distinguido con el título de "testigo de honor" en el juicio sumarísimo que en ese festival se sustanció contra el imperialismo norteamericano: "guilty", se da por entendido.
Es un gesto más de la "revolución bolivariana" frente a una oposición desorientada. Un alarde propagandístico oficial contra la alarma de una invasión militar de los Estados Unidos, impensable. Una emulación al régimen cubano que malvive bajo una dictadura senil y verborrágica, y unos soplones de barrio que espían día y noche a sus vecinos.
Imagino que esos libros serán generosamente distribuidos también en Bolivia por el club de admiradores que aquí sostiene el venezolano. Lo contradictorio del caso está en que la millonaria edición será financiada con los copiosos dólares que Venezuela recibe del "imperio" por la venta de petróleo.
Ya estoy imaginando a la legión de famosos y mediocres escribidores antiimperialistas enviando sus manuscritos inéditos o recocinados a la monumental imprenta que se hará cargo de tan mastodóntica edición, para llegar los primeros en la competencia. Al envés de la medalla, el secretario de Defensa norteamericano, Donald Rumsfeld y el Pentágono entero deben estar alarmados frente al anuncio de semejante ataque por sorpresa. No diré que sea comparable con el criminal atentado a las Torres Gemelas de Nueva York —¡menos mal!— pero, al fin, una ofensiva "intelectual" demoledora para el imperio.
La industria del armamento norteamericano ha de apurarse en la fabricación de unos misiles-anti-libro de tanta potencia ideológica que sean capaces de repeler el feroz ataque de papel impreso que Chávez tiene proyectado.
Admitamos que el anuncio de tan ilustrada idea enaltece a Chávez al mostrar tanto aprecio al libro, siendo así que su formación fue la de las armas. Sólo me cabe objetar que, en puro y duro capitalismo, cada uno hace lo que le viene en gana con su dinero. Pero no sé si en el pensamiento bolivariano encaja la idea de carácter social de que 20 millones de libros serian una contribución modélica para superar el analfabetismo, tanto en Venezuela como en otros países pobres de América. De cualquier manera, el mundo de la cultura también espera con alborozo que se habrá previsto la construcción de una hermosa réplica de la desaparecida biblioteca de Alejandría.
Esta vez ya no junto al gran delta del Nilo sino en algún idílico meandro del Orinoco, "ad perpetuam Chávez memoriam".
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
En nombre de la identidad...
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