Como todos sabemos, la práctica de la medicina está en continua evolución, debido a la aplicación de nuevas tecnologías, utilización de medicamentos de alta complejidad en su estructura molecular, acuciosidad de los diagnósticos y descubrimiento de nuevas enfermedades.
El objetivo principal de esta noble práctica es brindar curas, soluciones o alivio a los enfermos; todo aquello, en base a evidencia comprobada de cada una de las terapias administrada a cada paciente.
Sin embargo, aunque parezca curioso, en el campo de la aplicación de curas existe aún un sinnúmero de medicamentos o terapias que se utilizan en humanos y de los cuales se sabe poco hasta ahora.
Con esta afirmación mi intención no es crear angustia ni susceptibilidad en el mundo de los enfermos, solamente es mi objetivo poner en consideración de que la investigación en medicina no tiene fin y que en Bolivia debemos trabajar mucho más en investigar y obtener conclusiones propias sobre todas las terapias ofrecidas a nuestros pacientes.
En el tren de la globalización, la medicina también ha sido un rico objetivo. Actualmente podemos encontrar en una farmacia boliviana varios medicamentos que son producidos con tecnología europea, fabricados en un país asiático, con materias primas latinoamericanas y comercializados por Norte América; pues bien, de muchos medicamentos se sabe que curan con alta efectividad, de otros se sabe que pueden producir efectos indeseados, de otros tantos que su eficacia no es de las mejores y de varios más, que no solucionan nada pero podrían servir en casos donde los otros medicamentos han fracasado en su intento.
Con este panorama existen dos posibilidades de acción: la primera, incentivar a la investigación de viejas y nuevas curas para llegar a saber con exactitud todos sus alcances y aplicaciones; la segunda opción podría ser no utilizar medicamentos de los cuales no se hayan avalado todas sus propiedades curativas. En el contexto científico en el que se encuentra un médico, la tendencia debiera estar inclinada a la primera opción, que sin duda en un futuro mediano nos transportará hacia la segunda, dado que con esa lógica conoceremos mejor los logros de las terapias que se administren a los pacientes.
No debemos pasar por alto el detalle de que las medicinas que se producen en un país extranjero no siempre pueden ser adecuadas para nuestra gente, lo digo en el sentido de que el ambiente y las costumbres y juegan un papel importante en la comprobación de eficacia terapéutica.
Finalmente, quiero aclarar que cuando digo que hay que llevar a prueba los beneficios precisos de una terapia o medicamento, me refiero al tema de investigación médica y práctica de la medicina basada en la evidencia que debe imponerse de igual manera en la medicina naturista y/o tradicional de las cuales se sabe aún menos.
*Luis Kushner-Dávalos es ginecólogo obstetra y master en reproducción humana.
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