La aerolínea West Caribbean Airways (WCA), dueña del avión MD-82 que se estrelló ayer en Venezuela, ha tenido serios problemas que llevaron incluso a la empresa a enfrentar varias sanciones y a esa misma aeronave a estar fuera de servicio una semana en julio por incidentes.
El fallo que obligó en julio a la suspensión del avión de matrícula HK-4374, accidentado ayer, se presentó cuando intentó partir del aeropuerto de Rionegro, en la ciudad de Medellín (noroeste), hacia Ciudad de Panamá.
Por no contar con un sistema de protección contra fuego fue obligado a permanecer en tierra hasta que una semana después retornó a sus operaciones.
Ese percance se sumó al accidente de una aeronave cuando decolaba de la isla colombiana de Providencia (norte) y se estrelló en una colina cercana muriendo los dos tripulantes y ocho pasajeros de los 12 que viajaban. El hecho fue atribuido a un defecto técnico. WCA —propiedad de un grupo de inversores de Medellín— es la empresa que más quejas recibió el presente año ante la Aeronáutica Civil, entidad del Estado colombiano que vigila y regula las operaciones aéreas.
Esa aerolínea nació en 1998 en la ciudad de Medellín y se especializó en el transporte aéreo en el Caribe oeste, teniendo como centro al archipiélago colombiano de San Andrés y Providencia.
Sin embargo, la aventura aérea de la empresa no ha sido fácil, por lo que actualmente enfrenta un endeudamiento por 49 mil millones de pesos (unos 21 millones de dólares) que los directivos esperaban pagar con una estrategia turística, entre otras.
Otra versión afirma que hace un mes la empresa reportó a la Superintendencia de Puertos y Transporte deudas acumuladas por 14.000 millones de pesos (seis millones de dólares) y se comprometió con un programa de reestructuración que incluye la incorporación de tres nuevas aeronaves. Según el informe, la deuda era de tal magnitud —antes del accidente de ayer— que por cada dólar de capital con que contaba la compañía, debía 97 centavos. Sus dueños tenían proyectado tener cubierta la deuda para el año 2006.
Uno de los datos que llamó la atención es la edad del copiloto de la aeronave que se estrelló: David Muñoz Tabarez tenía sólo 21 años. "Mi hijo (...) no era un principiante, era un piloto experimentado", dijo su padre Elkin Muñoz, quien accedió a recibir a algunos periodistas en su casa en el barrio El Poblado de Medellín, la segunda ciudad colombiana.
El padre orgulloso, recuerda que su hijo había acumulado 1.000 horas de vuelo.
Con un flota de tres aviones jets (dos McDonnell-Douglas MD-81 y un MD-82, accidentado ayer), además de biturbohélices de fabricación checa Let-410 y franco-italiana ATR-42, la empresa cubre destinos hacia una veintena de ciudades colombianas y media docena en el Caribe y América Central, según datos de enero de 2005. Bogotá, DPA-AFP