El 29 de este mes se cumplirán 20 años del cambio que se operó en Bolivia con el Decreto 21060: pasar del capitalismo de Estado —con 33 años de vida— a una economía de mercado. El factor desencadenante del nuevo proceso fue la hiperinflación, que en 1985 alcanzó la tasa del 23.447 por ciento anual. A su vez, la hiperinflación tuvo su origen en una enorme descomposición de la economía a partir de 1981.
El 21060, contenido en 170 artículos, dispuso la libre importación y exportación de bienes y servicios en general. Estableció el cambio oficial “único, real y flexible”, sujeto a una flotación administrada por el Banco Central. Los precios de bienes y servicios fueron liberados a la oferta y la demanda, con excepción —inicialmente— de los hidrocarburos, transporte terrestre, aéreo, ferroviario, electricidad, medicamentos y algunos alimentos y servicios telefónicos. Dispuso la libre contratación de personal, suprimiendo la “inamovilidad funcionaria” que regía en el sector público y privado. Fueron eliminados los monopolios estatales y privados. Los salarios en el sector público quedaron congelados hasta el 31 de diciembre de 1985 y en el privado se autorizó la negociación directa obrero-patronal. Se liberaron las tasas de interés y se dio paso a la dolarización en las operaciones bancarias, la que luego se extendió al público en general.
Estas medidas crearon disconformidad en los sectores empresariales y un gran malestar social, que tuvo que ser frenado con el estado de sitio y el confinamiento de dirigentes sindicales y políticos.
Aunque desde un comienzo la liberalización de la economía tuvo dificultades internas y externas, el contraste más inesperado que tuvo se produjo el 24 de octubre de 1985, cuando se desplomó el mercado del estaño en Londres. El estaño y el gas que se exportaba a la Argentina eran las mayores fuentes de ingresos que tenía el país. Al producirse la quiebra del mercado del estaño el precio de la libra fina estaba en 5,50 dólares. Al reiniciarse las operaciones abiertas en marzo de 1986 la cotización bajó a 2,40 dólares. Esto determinó el cierre de las minas estatales y el despido de 20.000 trabajadores, a los que, empero, se les pagaron sus indemnizaciones y bonos extraordinarios por un valor total de 100 millones de dólares.
La suspensión de operaciones alcanzó a la mina insignia: Catavi, que tenía 5.000 trabajadores, pero que operaba a pérdida, pues su costo de producción por libra de estaño era de 19 dólares.
El Decreto 21060 contuvo el proceso hiperinflacionario, dando paso a la estabilidad macroeconómica, que perdura hasta estos días. No pudo alcanzar otros objetivos por la estrechez de la economía nacional, entre otros factores.
*Alberto Zuazo Nathes es periodista.
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