Estimado lector, no busque este término en el diccionario, no lo encontrará. Quiero referirme por “democratitis”, a una enfermedad de la democracia. Afección que mucho temo ha contraído Bolivia. Los síntomas son claramente visibles. Uno de ellos, el “que me importitis”, se manifiesta a través del desprecio y desacato a la ley, el contrabando impune, los regímenes tributarios especiales que sirven de guarida a grandes evasores. Asaltos a mano armada, inseguridad pública, violencia, linchamientos, marchas, bloqueos y huelgas. Libre albedrío en la interpretación de leyes y normas de convivencia de acuerdo al antojo y conveniencia de los que más gritan.
Otro síntoma de la “democratitis” es la “consultitis”, padecimiento recurrente que se manifiesta en la forma de referéndums; frecuentemente utilizados ante la imposibilidad —o inhabilidad o incapacidad— en la toma de decisiones. La “consultitis” también se propaga en la forma de encuestas elaboradas por empresas —o médiums—; cuyos resultados, como si provinieran de oráculos, son venerados o rechazados con vehemencia. Este mismo mal, la “consultitis”, se propagará masivamente a través de los medios de comunicación en formato de “tele-voto”, con preguntas cuyas respuestas podremos ávidamente contestar telefónicamente por un precio módico. La “consultitis” en todas sus formas clínicas será endémica al aproximarse el mes de diciembre.
Entre los efectos patológicos latentes de la “democratitis” podrían estar trastornos como la apatía y el ausentismo entre la población electoral, fruto del abuso que se ha hecho de la democracia. Abuso en forma de atropello desde las calles a los derechos de las mayorías silenciosas que requieren paz y tranquilidad para desenvolverse y generar bienestar para los suyos. Abuso desde los poderes del Estado por su incapacidad de lograr acuerdos mínimos de gobernabilidad. Abuso del corporativismo en desmedro del bien común.
¿Estaremos condenados por siempre a ser pobres, revoltosos e inviables? ¿Existirá medicina o antibiótico capaz de curar estos males? No y sí, respectivamente. Según galenos consultados, los siguientes medicamentos deben tomarse simultáneamente: una cucharada de respeto a la democracia, otra de acatamiento y aceptación a las leyes establecidas. La tercera consta de una doble dosis de madurez política, elemental para el sustento de una democracia fecunda. Y, finalmente, el reconocimiento de que todos los bolivianos deseamos lo mismo; bienestar y desarrollo. Las diferencias están en la forma de lograr estos objetivos y para eso está el Congreso, lugar donde las tendencias renovadoras y conservadoras mutuamente generen la confianza suficiente para lograr un acercamiento necesario que se traduzca en gobernabilidad; elemento imprescindible para el progreso del país.
*Orlando Cabezas G. es ciudadano boliviano.
Dos mil dólares por un boliviano
Además de poder comprar dos mil dólares por un boliviano, se escuchan muchas otras ofertas más, como por ejemplo, títulos profesionales a un boliviano con cincuentacentavos, casas hasta en quince bolivianos
De la hiperinflación al 21060
El 29 de este mes se cumplirán 20 años del cambio que se operó en Bolivia con el Decreto 21060: pasar del capitalismo de Estado —con 33 años de vida— a una economía de mercado.
La ley inaplicable
En el mundo petrolero, siempre hay audaces que a veces son aventureros o especuladores. Aconsejo estudiar nuestra historia petrolera.
El debilitamiento del sistema democrático
El sistema democrático boliviano desde 1982 no se fortaleció institucionalmente, aumentando su desgaste debido al manejo del poder estatal y la lucha violenta de nuevas fuerzas políticas, carentes de alternativas concretas y viables.