En el mundo petrolero, siempre hay audaces que a veces son aventureros o especuladores. Aconsejo estudiar nuestra historia petrolera. Tal como se tenía anticipado, la aplicación de la Ley de Hidrocarburos Nº 3058 está siendo muy difícil. El actual Gobierno, con un hombre respetuoso de las leyes al mando, está enfrentando serios problemas para poner la Ley Nº 3058 en ejecución. Es que la ley es mala, contrahecha y llena de contradicciones e indefiniciones.
Así tenemos que se puso en vigencia el impuesto del 32 por ciento (IDH), de los ingresos por la explotación y comercialización de los hidrocarburos. Como en la distribución del los ingresos del IDH la ley es una ley "chauchita", está generando una serie de reclamos próximos a conflictos.
Para aclarar al estimado lector, qué es "chauchita". El Pepino es un personaje de la tradición carnavalesca paceña. Ese simpático bufón enmascarado salía sin falta a las calles los días de Carnaval, donde rápidamente era rodeado por niños que coreaban "Pepino, chauchita. Pepino, chauchita". Ese momento, ante gran algarabía de su público, el Pepino lanzaba al aire golosinas o monedas, provocando que los niños se lancen desordenadamente a recoger del suelo los presentes. Inevitablemente la "chauchita" terminaba en pequeñas rencillas entre los muchachos, porque muy pocos estaban de acuerdo con la parte que les correspondía en el recojo de los beneficios.
El IDH de la Ley 3058 se asemeja a una chauchita; los departamentos productores no están conformes con la distribución, las municipalidades y universidades tampoco, las Fuerzas Armadas y Policía están esperando su parte y el TGN ya ha destinado los ingresos.
El Ejecutivo, no obstante su mejor intención de aplicar la ley tal como está, ha tenido que pedir al Congreso las correspondientes aclaraciones y definiciones. Volviendo al Pepino, después de causar la pequeña conmoción descrita, nuestro personaje se trasladaba a otra esquina y repetía el incidente. Ojalá al Congreso no le suceda lo mismo.
Con el ánimo de cumplir la ley, el Gobierno se halla empeñado en la "refundación de YPFB", que debe participar activamente en todas las actividades de la industria. Menudo encargo, con un YPFB que actualmente está descapitalizado porque la Ley 3058 le suprimió el 6 por ciento de participación en los ingresos petroleros que la anterior ley le había asignado, no contando a la fecha con otros ingresos significativos.
Está tan esmirriado el presupuesto de YPFB con la Ley 3058, que no han contado con unos pocos millones de dólares necesarios para hacerse cargo, conforme lo manda la ley, de las actividades de los mayoristas. Para información de los nóveles legisladores, YPFB cuando fue fundada, también tenía un presupuesto exiguo. Una de las inteligentes medidas adoptadas por su primer gran Presidente de Directorio, fue lograr que el naciente YPFB se haga cargo de toda la importación de carburantes en el país, con gran éxito comercial y de imagen porque así el logo de YPFB se impuso en toda la nación. Pero ésos eran otros tiempos y había otros hombres.
La flamante ley también estipula que para financiar al refundado YPFB, se le traspasen las acciones de las empresas capitalizadas que son manejadas por los Fondos de Pensiones. Hasta ahora no se sabe cómo se hará esa transferencia. Lo único claro es que los Fondos han indicado que para ejecutar esa operación tendrían que ser compensados, mencionándose cifras mayores a 1.000 millones de dólares.
No obstante lo anterior, lo extraordinario es que YPFB, también ciñéndose a la ley, está tramitando la otorgación de áreas de exploración para su uso exclusivo. Primer comentario de sentido común.
Tenemos 27 TCF de reservas probadas, cuya producción no se avizora dónde será colocada. ¿Hace sentido el insinuar que YPFB se dedique, con un presupuesto incierto, a la actividad más riesgosa de la industria? Quizás se esté pensando que YPFB se asocie con algún interesado que ponga los fondos.
En el mundo petrolero, siempre hay audaces que la mayor parte de las veces son aventureros o especuladores. Aconsejo estudiar nuestra historia petrolera. En circunstancias similares, cuando el país estaba en cuarentena, se firmó un contrato con el Sr. Glenn Mac Carthy, célebre tejano aventurero petrolero. Los resultados fueron desastrosos. Lean nuestra historia, por favor.
Por último, está el tema del cambio (migración, me resisto a usar ese término mal empleado) de los contratos de riesgo compartido a las especificaciones de la Ley 3058. Tema que está bajo el gran paraguas de la ilegalidad de los mismos y los inicios de juicios de arbitraje. Sea cual sea el resultado que resuelva esta enrevesada discusión político-legal, la ley actual dejaría de tener sentido y resultaría inadecuada.
Como ve querido lector, a este Gobierno le ha tocado la difícil tarea de domesticar a Godzilla en seis meses. Labor poco menos que imposible.
*Carlos Miranda P. es ingeniero petrolero, fue superintendente de Hidrocarburos
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