El sistema democrático boliviano desde 1982 no se fortaleció institucionalmente, aumentando su desgaste debido al manejo del poder estatal y la lucha violenta de nuevas fuerzas políticas, carentes de alternativas concretas y viables. Esta deslegitimación del sistema partidista pone en peligro la duramente ganada democracia.
El mejor ejemplo fue el MNR, al que Bolivia concedió tres triunfos electorales, en apoyo a políticas modernas, las cuales no pudo consolidar por falta de continuidad en el poder. Su campaña electoral, el 2002, fue dirigida con conceptos extraños a su ideología. Las organizaciones territoriales y funcionales fueron ignoradas, olvidando sus victorias electorales; luego se forzó un proceso eleccionario interno, que dividió al partido. Tampoco se aprovecharon las cualidades partidarias y los beneficios de las transformaciones sociales y económicas de su último gobierno. Causas que neutralizaron a la mayoría de la militancia que incurrió en ausentismo electoral.
Las contradicciones de la campaña del MNR 2002 le dieron una débil victoria. Su gobierno necesitó pactos políticos para lograr reformas y gobernabilidad. El partido casi no participó en la estructura estatal, terminando de construirse un abismo entre sus dirigentes y la mayoría de su militancia, la cual no se sintió responsable de la crisis de su gobierno y no se constituyó en su mediador ante la población.
Una mal interpretada medida económica del Gobierno profundizó la confrontación radical con nuevas fuerzas políticas, representadas por grupos subversivos de las fuerzas del orden, algunos sensacionalistas medios de comunicación, representantes de Organizaciones de Derechos Humanos, ONG y algunos religiosos, quienes al descalificar la actuación gubernamental de defensa, aumentaron la inestabilidad. Esto nos hace suponer que se cumplieron las conspiraciones para lograr un cambio presidencial.
El gobierno del MNR debilitado por el obligado cuoteo, conformó una administración gubernamental cuestionada. Sin apoyo partidario, institucional y político, se encontró inmovilizado, siendo avasallado por los movimientos conspirativos.
La mayoría de los bolivianos criticó el abuso del poderío callejero y las salidas anticonstitucionales; pero, su respaldo a la autoridad civil legalmente constituida y al estado de derecho de la sociedad, fundamentos de la democracia, fue ignorado.
El MNR, como otros partidos, debe apoyar el cambio de los viejos mecanismos de gobernabilidad o de democracia pactada, que sólo reprodujeron contradicciones, como es necesario que concerte un liderazgo legítimamente unificado para mantener su vigencia política, en defensa del interés nacional, de leyes progresistas como la de Participación Popular que transfirió poderes centrales y fortaleció económicamente a los municipios, y otras innovadoras como la capitalización del sector público, que permitió grandes inversiones, incorporando nuevas tecnologías, como también las de carácter educativo y protección al capital humano.
Políticas que hoy deben consolidarse o si es necesario rectificarse, cumpliendo el arte del buen gobierno, en vez de destruirse con consignas irreales en el actual escenario mundial.
*Victoria Baldivieso es militante del MNR.
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