La violencia recobró toda su crudeza ayer en Bagdad, donde 43 personas murieron y 76 resultaron heridas en un triple atentado suicida perpetrado dos días después de que fracasara la reunión para consensuar la Constitución.
Según el Ministerio iraquí de Interior, los tres suicidas autores de los atentados con coche-bomba buscaban infligir el mayor daño posible, ya que atentaron contra una estación de autobuses a una hora muy temprana de la mañana, cuando más gente busca transporte para viajar a alguna de las 18 provincias del país.
El primer automóvil estalló sobre las 7.45 de la mañana hora local (3.45 GMT), el segundo un minutos después, el tercero un cuarto de hora más tarde frente al vecino hospital Al-Kindi, al que habían sido trasladadas la mayoría de las víctimas.
El terrorista se colocó entre las ambulancias y detonó la carga cuando los equipos de socorro auxiliaban a los heridos. Fuentes médicas no descartan que la cifra de víctimas mortales pueda incrementarse en las próximas horas, ya que muchos de los afectados presentaban heridas “de extrema gravedad”.
El ataque es el más sangriento ocurrido en la capital desde que comenzó este mes de agosto, y ha sido perpetrado dos días después de que los líderes de las distintas comunidades iraquíes fracasaron en su intento de lograr salvar sus diferencias y poder presentar en el plazo establecido un borrador de la nueva Constitución iraquí.
El fracaso obligó al Parlamento a enmendar la ley para aplazar la fecha y rescatar así un proceso de transición que se halla al borde del colapso.
Tanto el Gobierno iraquí como EEUU temían que este retraso fuera interpretado por los grupos rebeldes como una señal de debilidad de las instituciones y les sirviera de acicate para redoblar sus ataques.
Ese temor cobró forma hoy en Bagdad y en el resto del país, donde otros varios actos de violencia segaron la vida de seis personas y causaron heridas a más de una decena. Bagdad, EFE