Acabo de visitar el Museo Tumbas Reales de Sipán, inaugurado hace un par de años en Lambayeque, una pequeña ciudad en el norte del Perú, y que guarda y expone todo el ajuar funerario encontrado en la tumba de un señor principal de la cultura mochica, que murió hace unos 1.700 años.
La tumba, encontrada cuando estaba a punto de ser saqueada, se descubrió con una magnificencia inusual en cuanto a las joyas con las que fuera enterrado aquel importante personaje; el oro y la plata dieron lo suficiente como para llenar un museo, y éste fue concebido en la forma de un edificio piramidal de los que hay en el norte del Perú, con rampa y todo.
La parte oscura del hallazgo que tanta admiración ha causado no sólo en Perú sino en el mundo, han sido el séquito que se encontró enterrado junto al gran señor, tres mujeres, un portaestandartes, un guardia corpulento, un hombre mayor y un niño, de paso un perro y un par de llamas.
La tumba de Sipán es un testimonio de la gran capacidad orfebre de los mochicas, de su estructura social, tan ajena a lo que se cree que fuera el mundo prehispánico, y de la barbarie de las costumbres que incluían en la ritualidad el sacrificio de hombres, mujeres, niños y animales.
A principios de agosto de este año, los paceños hemos asistido perplejos a un enterramiento, a un sacrificio bastante multitudinario de camélidos ofrecidos a la terrible y hambrienta Pachamama; los recuerdos del ayer, de hace miles de años, de la era precristiana andina parecen estar más que vivos. Lo terrible, sin embargo, ha sido el brutal y cruel sacrificio de una llama enterrada viva. Ni en Sipán, hace 1.700 años, se les había ocurrido esa forma de sacrificio, las llamas encontradas en las tumbas reales están decapitadas.
El tema da para profundas reflexiones; es un encuentro con el pasado y con ritualidades más brutales que uno podría creer y esperar, ya deberían estar superadas, pero tiene también que ver con esa revalorización del mundo prehispánico que se está desbordando, y con la constatación de que independientemente de los viajes whipalescos de antropólogos et all, los rituales antiguos que implican crueldad, aquí y allá, cristianos o paganos, deben simplemente ser superados.
Comparados con los linchamientos a los que estamos casi totalmente acostumbrados, (gracias presidente Rodríguez por cumplir con su deber en Yapacaní), el cruel enterramiento de llamas vivas es una salvajada menor, pero son síntomas, existe la posibilidad de descivilizarse, ya ha sucedido en otras partes y en otros tiempos, parece ser que el Pachacuti está verdaderamente a la vuelta de la esquina.
*Agustín Echalar es periodista independiente.
La soledad de Bolivia
Brasil está reduciendo sus compras de gas natural boliviano. Pasó de comprar 24 millones de metros cúbicos diarios en enero a comprar 19 millones ahora, en una tendencia descendente que se acentuará.
El Papa y la Juventud
El Papa Benedicto XVI ha emprendido su primer viaje internacional. Como si el insigne teólogo Joseph Ratzinger lo hubiese programado con orden lógico, arrancando del pasado, ingresando al presente real y oteando el futuro deseado.
Política Social SA
¿Cuál debe ser el rol del sector privado en un contexto donde la lucha contra la pobreza y la inclusión social son el centro de la política pública? La respuesta a esta interrogante es uno de los puntos centrales de una nueva agenda de desarrollo en América Latina y en Bolivia.
El 21060 no es cuento chino
A pesar de sus detractores, la economía de Bolivia se ha mantenido estable en los últimos veinte años, gracias a que el Ministerio de Hacienda todavía utiliza algunos de los instrumentos financieros establecidos por el Decreto Supremo 21060.
El gusanillo de los libros
"El gusanillo" de mi historia en vez de fraguar historias, las adaptaba, tomándolas de los libros que le gustaban y transformándolas en historias orales, como aquellas que narraban las hechiceras.