En diciembre de 2003 publiqué un artículo cuyo título era la famosa frase de Clinton. La misma que el ex presidente Mesa modificó meses después en el Foro Económico de Cainco, para decirle a los empresarios privados cruceños: "es la política, estúpidos". Y con política y sin economía, nos dejó el país como sabemos.
Sin economía no hay inversión. Sin inversión no hay producción. Sin producción no hay generación de trabajo. Y sin trabajo no se combate la pobreza. Por más que falsos mesías digan lo contrario. Venezuela lo está demostrando. Para los que tengan curiosidad, en la página web del Instituto Nacional de Estadísticas, órgano oficial de la República Bolivariana, se puede conseguir datos sobre la evolución de la pobreza en Venezuela. Desde que asumió la Presidencia Hugo Chávez en 1999, hasta fines del 2003, la cantidad de pobres en Venezuela pasó del 50% de su población a más del 62%. Más que en Bolivia, que tiene 58%. Y las personas en situación de pobreza extrema pasaron de menos del 20% a casi 30%. Un incremento terrible. Eso tiene una explicación sencilla: la formación bruta de capital, de donde salen las inversiones y por ende, el trabajo, ha estado cayendo sistemáticamente desde 1999 en la República Bolivariana. El éxito electoral del inspirador y jefe de Evo Morales tiene directa relación con el prebendalismo que puede aplicar por los petrodólares que le caen como un aguacero tropical. Sin importarle la pobreza de sus coterráneos.
En contrapartida, en el departamento de Santa Cruz, con su modelo de desarrollo, se ha logrado disminuir en más de la mitad el índice de pobreza de sus habitantes. Pasó de 79% en 1975 a 38% en 2001. Un logro impactante, tomando en cuenta que la población del mayor polo de atracción del país se triplicó en ese periodo. Todo en base al esfuerzo de los que viven en la región, sean cambas, collas, chapacos, menonitas, japoneses, brasileños, palestinos, judíos o croatas. Buen trabajo de las "élites" regionales.
Marx sabía que la ideología y la política están condicionadas por la economía. Por eso es que la economía en nuestro país sigue siendo la guerra principal, aunque existan batallas intermedias importantes. Todavía tengo dudas si la madre de las batallas será la elección general o la Constituyente. Pero estoy seguro de que si queremos ganar esas batallas sin ocuparnos de la economía, sin pensar en la economía y sin cuidar la economía, perderemos la guerra. Por eso es que ahora, más que nunca, sigue siendo la economía, estúpido.
En lo regional, debemos recordar que cerca del 50% de la economía departamental es de origen agroindustrial. Si sabemos que la mayoría de los otros sectores están directamente vinculados a la salud de la economía agrícola, podemos entender por qué los que quieren aumentar la pobreza para tomar el poder tienen tanto interés en afectar las tierras productivas del oriente boliviano. Atacando la producción agrícola, se ataca la economía regional. Y atacando la economía regional, se generará pobreza, que servirá de caldo de cultivo para tomar el poder. No para combatir la pobreza. Por el contrario. Solamente para tomar el poder. Es por ello que tenemos que identificar claramente enemigos y aliados. Sin vergüenzas o complejos introducidos por las ONG de intereses externos. En particular, aquellos que tienen una opción preferente por los pobres deben saber quiénes quieren combatir la pobreza y quiénes quieren usarla para sus fines. Fines que están más cerca del infierno que del paraíso.
*Ismael Serrate Cuéllar es ciudadano boliviano.
El militar que llevamos dentro
El abdomen está mal visto. Qué otra interpretación cabe de ese gesto en el que coinciden los tres personajes de la foto. Hasta hace un momento habían permanecido sentados, con las chaquetas desabrochadas, para respirar a gusto.
Política y corrupción
Nuestra sociedad vive un gran número de formas de corrupción. Desde aquellas practicadas a nivel cotidiano, como ser las coimas a funcionarios públicos y privados para la agilización de trámites