Muestras, talleres, conferencias y 16 países participantes, con Brasil como invitado estrella, arman la propuesta.
Álex Ayala Fotos: II Bienal del Cartel
a calle es el escenario cotidiano de encuentros y desencuentros. En ella se mezclan soledad y ruido, oscuridad y luz, dolores y alegrías, fragancias y hedores, hambre y gula. La calle es morada de cientos de vidas bajo sus cimientos, testigo del escupir gasolina frente a los semáforos, de la venta ambulante, de la indigencia. Es, en suma, el lugar de la lucha cotidiana por la supervivencia.
La calle, el tema que ha propuesto la II Bienal Iberoamericana del Cartel —que se inaugura mañana en la ciudad de La Paz— para su concurso en la categoría de Cartel Inédito, ha dado alas a la creatividad de los diseñadores. Así, la mayor parte de las 158 obras que se mantienen en la pelea, después de una primera y exigente criba, compite en ese rubro. El resto lo hace en las especialidades de Cartel Cultural y Cartel Político y Social.
“La calle es, sin duda, el museo del cartel —justifica Ernesto Azcuy, organizador del evento—. El cartel está hecho precisamente para mostrarse a todo el mundo”.
En ese afán, un proyecto que prevé la creación de espacios públicos para colocar carteles está a punto de ser ya una realidad gracias a un acuerdo con la Alcaldía Municipal. “Se trata de una especie de portaafiches que no son de gran costo y que le van a dar otro tono a la ciudad”.
Con esa buena noticia para el mundo del diseño, se puede decir que la II Bienal Iberoamericana del Cartel comienza con buen pie. Prueba de su buena salud son los 16 países que van a formar parte de las muestras: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, España, México, Panamá, Perú, Portugal, Puerto Rico, Uruguay y Venezuela. Esta diversidad artística, pocas veces vista, podrá ser apreciada en las exposiciones y conferencias que tendrán lugar en la Casa de la Cultura, el Convento San Francisco, el Museo de Etnografía y Folklore, el Espacio Simón Patiño, el Museo Tambo Quirquincho, Alianza Francesa y la Universidad Franz Tamayo, entre otros.
Como buen dato, además, la participación boliviana supera los 70 carteles. “Son trabajos, sobre todo, de chicos jóvenes que no tienen todavía un nombre, pero que están demostrando ya cierto talento”.
Asimismo, parece que el nivel de los diseñadores ha subido considerablemente. “Uno se da cuenta de esto cuando advierte que personalidades de prestigio internacional están tomando parte de las competencias. Es una respuesta a una exigencia mayor a la hora de valorar las obras. Si esto continúa así, seguiremos creciendo”.
Unos invitados de lujo Con todo, amén de la exhibición de las obras que pugnan por un premio en las diferentes categorías, el atractivo de la Bienal estará en las exposiciones y talleres de los artistas invitados. En este sentido, un nombre resalta sobre el resto, el de Michel Bouvet, de Francia, una eminencia entre los autores contemporáneos que triunfan con el cartel.
“Vamos a exponer —resalta Azcuy— 30 tremendos carteles suyos, verdaderamente obras de arte”.
Pero Bouvet no es el único nombre de peso. Otras personalidades del diseño que estarán presentes en Bolivia son: Pablo Kunts (Argentina), Antonio Pérez y Xavier Bermúdez (México), Nelson Ponce (Cuba) y Felipe Taborda y Fernando Pimenta (Brasil), quienes expondrán sus obras en distintas muestras en La Paz, Santa Cruz y Cochabamba, impartirán tres talleres de creación y darán siete conferencias gratuitas sobre temas de actualidad a estudiantes y profesionales del diseño gráfico.
“Entre lo que viene —señala Azcuy—, para mí una de las cosas que más destaca es una de las exposiciones de Brasil, país invitado de este año, que está dedicada exclusivamente a los carteles de cine”.
Mientras, la presencia de Bolivia en las muestras fuera de concurso vendrá de la mano del diseñador Sergio Vega y del mencionado Ernesto Azcuy. “Me hubiera gustado realizar, además, una retrospectiva sobre el cartel boliviano, pero para prepararla con garantías hubiera hecho falta un tiempo que no tengo”, justifica este último.
Al menos, el cumplimiento del objetivo central de la Bienal —la revalorización del cartel como singular medio de comunicación masiva— está garantizado. Y es que este evento va camino de convertirse en un gran foro integrador y de encuentro que propicia el debate sobre el estado actual del diseño gráfico en los países de Iberoamérica. No en vano, en el mundo existen sólo cuatro bienales internacionales sobre el tema.
El reto de Catalográfica Las imágenes, en casos como éste, hacen honor al refrán que dice que valen más que mil palabras. Una “latita” de clefa que se asemeja a la “cajita feliz” de la cadena estadounidense de comida rápida Mc Donald's, la propuesta ganadora del premio especial otorgado por La Razón con motivo de la Bienal, hace precisamente honor a esta sentencia. Su autor es el español afincado en Bolivia David Criado. Un barco recorriendo la silueta de una mujer, en un cartel homenaje al chileno Pablo Neruda, también sigue esa misma lógica.
Son ejemplos de lo que se puede hacer con la simple ayuda de un cartel, elemento que Azcuy define como “grito en la pared”.
De forma parecida, como un grito en el cielo, surgió Catalográfica, la asociación civil responsable de que el evento se lleve a cabo.
Este grupo, cuya pretensión es reunir a los más destacados diseñadores gráficos de Bolivia, es el único preocupado verdaderamente por la situación del diseño en el país, y es el órgano responsable del único catálogo netamente boliviano sobre ilustración y diseño gráfico.
Para Azcuy, además, es la mejor forma de reivindicar el estatus de los diseñadores. “Cuando uno va al médico —argumenta— no discrepa con él sobre las medicinas que le receta. En cambio, los clientes tratan muchas veces de imponer sus ideas a los diseñadores, sin respetar el trabajo creativo de los profesionales”.
“Por otro lado, yo creo que los diseñadores también tienen que esforzarse y no ser unos mercenarios. No es bueno decir que sí a todo por comodidad o para evitarse algunos problemas. Cuando uno cree en un trabajo que ha hecho, su deber es el de defenderlo a capa y espada, pese a lo que pueda pasar”.
En este sentido, la Bienal es el mejor escaparate, pues muestra el potencial escondido de los que recién están empezando. “Es una buena manera de que los gerentes de marketing de las empresas aumenten la exigencia y pidan cosas parecidas a las que se van a ver en las exposiciones. Y de que se den cuenta de que tienen que ofrecer mayor libertad a los diseñadores”.
Si lo hacen, podremos ver en un futuro por las calles afiches parecidos a los que se apreciarán desde mañana en la gran fiesta del cartel: edificios construidos con los anuncios que se ven todos los días al lado de las aceras, dados y bombillas gigantes, duras alusiones a las guerras y conflictos, mensajes en busca de paz...
Y es que el cartel, en definitiva, es una de las mejores armas para provocar, concienciar y lanzar mensajes, en una época en la que lo visual es lo que se impone. El cartel une, aglutina como ninguno textos, dibujos y fotografías. El cartel propone, sugiere, resume y analiza. El cartel manda.