La necesidad de resolver la creciente sobrecarga del tráfico rodado de superficie, especialmente en el centro urbano de la ciudad de La Paz, obliga a proyectar otros medios de transporte masivo. El más socorrido en muchas ciudades del mundo ha sido el "metro" o "subte" en Buenos Aires o "tube" en Londres. Esta solución no le va a La Paz por razones geológicas y topográficas.
La experiencia de los urbanistas es que, cuando se instala un tren urbano de superficie, se devalúan las fincas del trayecto. El hermoso dibujo del tal tren circulando por encima del Choqueyapu en la avenida Roma, que ha publicado la prensa, todavía sería aceptable porque discurre en una zona despejada de edificios. Pero estamos sólo en la zona Sur.
¿Se imaginan una pesada estructura metálica y unos ruidos ensordecedores sobre las avenidas tan oportunamente hermoseadas por nuestro alcalde jardinero? Hace años se habló mucho del descabellado proyecto de hacer pasar el supuesto tren entubando el Choqueyapu, desde el final de la avenida del Poeta a la Curva de Holguín con el fin de comunicar el centro con el sur. Grave error topográfico porque la gradiente de ese tramo necesitaría un tren cremallera como de alta montaña.
Convengamos en que cualquier proyecto debe privilegiar, ante todo, el transporte de las clases populares. Entonces, hay que hablar del movimiento de personas que trabajan en la ciudad y viven en El Alto. Se sabe que el tiempo es el capital más valioso de la gente con pocos recuerdos y un elemento esencial de la vida familiar. Pues bien, el trayecto de El Alto a La Paz se lleva alrededor de media hora, a la que se añaden las esperas por las aglomeraciones en los puntos de partida de los vehículos públicos. O sea, una o dos horas diarias, de ida y vuelta según se viaje dos o cuatro veces. Hace años fracasaron los planes de rehabilitación del antiguo ferrocarril abandonado por la Bolivian Railway, precisamente por su lentitud, así como por el alto costo que suponía.
Descartemos, pues, los planes del tren de superficie, a la vez que rescatemos el proyecto del teleférico. Entre sus ventajas se cuenta con la topografía de la ciudad que facilita el tendido de los cables de un cerro al otro y la rapidez de la línea recta de un punto al otro.
El transporte por cable aéreo empezaría en la ceja de El Alto y "aterrizaría", por ejemplo, en el Laikakota. De allí partirían otros ramales, hacia Miraflores, al sur y otros. El sistema tendría capacidad para trasladar en forma ininterrumpida un promedio de 3.000 personas por hora. El recorrido mencionado no tardaría más de 5 minutos, y si se instalara una estación intermedia, demoraría unos 9 minutos. Su instalación y mantenimiento resultaría notablemente más económico que el costoso ferrocarril.
El teleférico ya estaba financiado durante la Alcaldía de MacLean. Pero, como es costumbre, las sucesivas autoridades echaron al basurero lo que hizo el anterior. Y los créditos concesionales obtenidos fueron reembolsados a sus respectivas administraciones.
Por último y a fuerza de viejo experimentado, sospecho que la exhumación del anticuado proyecto del tren, justo en tiempos preelectorales, huele a propaganda política. ¿O qué piensa usted?
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
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