La invitación del Secretario General de la OEA al Cónsul General de Bolivia en Chile para que asuma altas funciones en ese organismo es una noticia que puede alegrar, ante todo a la familia del señor Rico, y es que pasar de las paupérrimas situaciones e inseguridades de una carrera diplomática boliviana, a ser parte de la diplomacia continental, es algo que sólo puede significar un gran avance en la vida.
Lo que no me queda claro, es cómo el señor Insulza pudo desarrollar una cierta simpatía por el más alto funcionario diplomático en Chile del país, cuyo canciller se dedicó a hacer lobby para impedir su elección. Posiblemente la respuesta es que el señor Rico es un diplomático brillante, que mientras el presidente Mesa y el canciller Siles armaban los bochornosos eventos de Monterrey, el embajador–cónsul, hacía sana-sana en La Moneda.
¿Qué anduvo diciendo nuestro plenipotenciario aquellos aciagos días? ¿Se disculpó en nombre de los bolivianos sensatos? ¿Les pidió que no tomen en serio todo el asunto? ¿Le pidió a la señora Alvear que entienda, que se trataba de cosas de política interna, que no era nada personal?
De ser así, créame estimado lector, no se lo tomaría a mal, a fin de cuentas el señor Rico es un funcionario de carrera, y como tal debe saber que los verdaderos lazos entre países no se hacen en las crisis, con gobiernos efímeros, de uno o cinco años, sino en el largo plazo, como parece ser que es una cierta agenda dentro de nuestra cancillería.
Como el mundo de la diplomacia es el mundo de las señales y los protocolos, vale la pena tratar de interpretar lo que significa este curioso evento. En el salto de jabalina que ha hecho el señor Rico, creo que éste no sólo se ha despeinado, sino que se le ha rasgado el pantalón del smoking, y mostrar los calzoncillos así, a los cuatro vientos, es algo que no va con la etiqueta de ninguna corte que se respete.
¿Podrá ser útil para Bolivia el señor Rico en su nuevo puesto? Por el bien de la OEA y por la integridad moral del sujeto, esperemos que no, como esperamos que Insulza no utilice su cargo parra beneficiar a Chile. El señor Rico ha aceptado el cargo, porque seguro que el sueldo, el seguro, las prestaciones y las oportunidades son mucho mejores, Arlington o Virginia son nomás mejores que Las Condes o Calacoto, y esas ponderaciones son muy válidas, pero el pase no merece reconocimiento alguno, menos aliento o bendición ni del Canciller ni del Presidente de la República.
En realidad, la aceptación de monsieur Rico al cargo ofrecido por monsieur Insulza es un bochorno para Bolivia y una fina, finísima venganza de los diplomáticos del Mapocho. ¡Chapeau señor Secretario General!
*Agustín Echalar es periodista independiente.
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