El T'anta Katu vende cosas robadas a pedido El T’ant’katu o Barrio Chino tiene desde relojes Gucci, hasta calcetines. Hay tres salas de cine improvisadas. Los ladrones dan sus productos a los Albertos, que son quienes las venden. La Policía no puede hacer nada.
LA GRAN AFLUENCIA • La calle Sebastián Segurola acoge al T’ant’katu a pesar de ser miércoles, la calle está llena de gente.
Desde computadoras, hasta máquinas de coser, pasando por comida y una cartelera de cine, son algunas de las ofertas de un mercado muy peculiar de la ciudad de La Paz, donde los consumidores pueden hacer los pedidos de los productos que requieran, con la seguridad de que, con un poco de paciencia, los conseguirán. Se trata del Mercado Chino, mejor conocido como el T’ant’katu.
La calle Sebastián Segurola, ubicada en el macrodistrito Max Paredes, es el escenario de este comercio, que se asemeja, en los productos que oferta, a los mercados de pulgas en los Estados Unidos o Europa, donde las personas venden sus artículos usados. Y es eso precisamente lo que argumentan los vendedores de esta calle, pues gran parte de los productos —sin duda también hay cosas de primera mano—, son artículos de medio uso.
Sin embargo, una característica del T’ant’katu, conocida por la población, pero difícil de comprobar, según el comandante de la Policía Técnica Judicial de (PTJ), de La Paz, Miguel Estremadoiro, es que aquí se venden cosas robadas.
“Si los ladrones se entraron a su casa, con seguridad usted viene y encuentra sus cosas”, asegura Pedro —nombre ficticio, pues la persona pidió mantener su identidad en reserva por temor a las represalias—, un vecino que vive y tiene su negocio cerca de la Sebastián Segurola. “Yo encontré algunos de los CD que se robaron de mi casa, pero no me los devolvieron, sino que tuve que volver a comprarlos”, comenta Humberto —la verdadera identidad se mantiene en reserva—, víctima de un robo en su vivienda.
“La persona que me los vendió me dijo que no fue quien los robó, sino su proveedor”. Y es que son raros los casos en los que el mismo ladrón sale a la calle a ofrecer sus productos, sino que tienen recuperadores de artículos robados, conocidos en el lenguaje del hampa como Albertos, que son las personas que ofertan los productos sustraídos por otras que, por no comprometerse con la Policía, prefieren no dar la cara, sino sólo cobrar la comisión que les corresponde.
Otra práctica es la que realizan los cumbreros (ladrones de sombreros de cholita) que, luego de entrar en acción, se dan a la fuga con el artículo bajo el brazo hasta llegar al Mercado Chino, donde su Alberto los espera. El cumbrero, sin parar de correr, le tira el sombrero y continúa su rumbo. Al final de la jornada, el delincuente regresa para cobrar la parte que le toca.
Aunque la calle no tiene más de dos cuadras, el T'ant'katu se organiza en asociaciones. La primera, adyacente al mercado Uruguay, es la Asociación de Comerciantes Minoristas Unión Sebastián Segurola. Aquí se venden teléfonos celulares de todo tipo. Los hay con pantalla a color y con cámara fotográfica, pero si el comprador quiere otro modelo, sin duda lo encontrará. Basta con pedirlo. Los precios oscilan entre 100 y 200 bolivianos.
Aquí también están las personas que venden joyas. Un dirigente del comité de vecinos de la zona, que pidió mantener su nombre en reserva, asegura que estos vendedores son conocidos como casqueros, pues dicen vender productos de oro, que en realidad son de cobre, pintados de dorado.
Al medio está la Asociación de Comerciantes Minoristas en Artículos Varios Sebastián Segurola, que venden desde relojes Gucci hasta Seiko. Las tiendas de artículos electrónicos también están aquí. Los accesorios para los vehículos están a la orden del día. “Tenemos radios para auto con CD, que cuesta 180 bolivianos y también con casetera, que es más barato. Podemos hablar”, dice una vendedora. Esta última frase hace referencia a otra característica del T’ant’a: todo es ofertable. El regateo es una manera de conseguir las cosas deseadas a menor precio.
La tercera asociación es la de Comerciantes Minoristas Unión Sindical Cooperativa en Ropa Sebastián Segurola.
A lo largo del mercado hay centros de entretenimiento, como salas de video juegos, mejor conocidas como tilines. Pero, además, hay tres locales que sirven de salas de cine. Una persona parada en la puerta llama a la clientela: “Pasen, pasen. La entrada es sólo un bolivianito”.
Muchas personas se preguntan, ¿por qué si es de conocimiento público que en la calle se venden cosas robadas no interviene la Policía? Estremadoiro indica que es muy difícil comprobar que son artículos sustraídos, pues también van personas de clase media a vender sus cosas.
“Encontré algunos de los CD que me robaron, pero no me los devolvieron. Tuve que volver a comprarlos”, Humberto.
“Tenemos radios para autos con CD, que cuestan Bs. 180 y también hay con casetera que es más barato”. Una vendedora.
La historia
Calle Linares • El Mercado Chino funcionaba en la calle Linares en la década de los 40. Los ladrones salían en las mañanas a ofrecer las cosas que sustraían el día anterior.
Calle Vicente Ochoa • En la década de los 40 esta calle acogía a los vendedores de cosas robadas en horas de la tarde. Luego, cuenta un vecino de la zona, un coronel de la Policía se fue a vivir a la zona y ordenó que se reacomode a los comerciantes en otro sector.
Pedro de la Gasca • En la década de los 50, los albertos ocupaban toda la calle Pedro de la Gasca, desde la plaza Marcelo Quiroga Santa Cruz, hasta la Sebastián Segurola.
Sebastián Segurola • En la década de los 70 se abrió la calle Sebastián Segurola. En un convenio con la Alcaldía se acomodó aquí a los vendedores.
Restricción • Desde el 2002, los horarios en los que la gente puede salir a vender se restringió desde las 15.00 a las 21.00.