Los vecinos de la calle Pedro de la Gasca, adyacente a la Sebastián Segurola, que es donde se encuentra el Mercado Chino, piden a las autoridades que reubiquen a los vendedores, pues consideran que son un peligro para sus casas, sus negocios y para los consumidores de la Eloy Salmón, que queda a dos cuadras.
En respuesta a estas demandas, el gobierno municipal tomó una serie de medidas que no perjudiquen a ninguno de los extremos. Erick Rojas, subalcalde del macrodistrito Max Paredes, afirma que “es difícil llegar a un común denominador”, pues “todos se sienten afectados” con las determinaciones que se tomen.
Por un lado, la gente que realiza actividades comerciales en el T’ant’a se acoge “a una estrategia de sobrevivencia”. Por otro lado, los vecinos también tienen derecho a reclamar por su seguridad.
En este marco, el 2000 se firmó un convenio entre los dirigentes del Mercado Chino, los líderes de las juntas vecinales y la subalcaldía del Distrito 2, para restringir las horas en las que la calle se cierra al autotransporte para dar paso a los vendedores.
Es así que desde entonces, en las mañanas los automóviles circulan por la Sebastián Segurola hasta las 15.00. A partir de ese momento, la calle se convierte en peatonal hasta las 21.00.
Un dirigente del Distrito 7, que pidió mantener su nombre en reserva, dijo que existe un proyecto para reubicar a los comerciantes. “Se tiene que construir el mercado Vicente Ochoa y poner ahí a los vendedores en sus respectivas casetas”. Pero hay otros vecinos que se oponen a que se mueva a los vendedores del T’ant’a, porque viven de ellos. “Los comerciantes meten sus bultos en los patios de las casas y les cobran dos bolivianos para guardarlos”, dice el dirigente.
Hasta que comerciantes, vecinos y autoridades se pongan de acuerdo, los vendedores del T’ant’a seguirán ofreciendo sus productos a la población que acuda, ya sea a recuperar sus cosas robadas o a comprar artículos de medio uso.