Tras su visita relámpago a la región devastada por el huracán, el presidente estadounidense, George W. Bush, reconoció ayer en Washington que hubo errores a la hora de evaluar la situación.
Además, Bush admitió que muchos ciudadanos no han recibido la ayuda que necesitan. "Es sencillamente inaceptable", dijo. El presidente también prometió a los afectados que se les asistirá de manera rápida y efectiva.
Pero incluso después de su visita, las críticas respecto a la gestión de la crisis no disminuyeron.
Varios legisladores norteamericanos criticaron ayer la tardía reacción ante la catástrofe, que se vivió en EEUU hace seis días.
El republicano Dennis Hastert, presidente del Congreso, puso en duda la reconstrucción de Nueva Orleans y provocó así la indignación de sus conciudadanos.
Bush anunció ayer el envío de 7.000 soldados adicionales a la zona del sureste del país devastada por el huracán, con el fin de prestar apoyo a los 21.000 agentes de la Guardia Nacional que intentan restablecer la ley y el orden tras días de caos y violencia.
Por su parte, el Ejército rechazó las acusaciones de una escasa ayuda. El general Russel Honoré explicó que es difícil llevar agua y alimentos a las personas que están aisladas. Al menos 350.000 casas quedaron destruidas. Cerca de un millón de personas perdieron su hogar. Se tardará tres meses en bombear el agua de la ciudad. Washington, DPA