La exportación de castaña es uno de los rubros que mejor evolución ha tenido en los últimos años en la economía boliviana.
El 75 por ciento de la economía de las regiones amazónicas bolivianas, comprendidas entre los departamentos de Pando y parte del Beni —ubicados al noreste del país—, se mueve en torno a la recolección, beneficiado y exportación de castaña.
La mayoría de las beneficiadoras de castaña se ubican en la localidad beniana de Riberalta, mientras que la más grande —Tahuamanu— se halla en la ciudad de Cobija, en Pando.
El 2004 las exportaciones de castaña alcanzaron los 58 millones de dólares, según la Cámara de Exportadores del Noreste. Y se espera que este año alcancen los 70 millones de dólares por el óptimo precio en el mercado internacional y el incremento de los volúmenes de exportación. Este crecimiento, empero, se ha ido dando en medio de una casi total inseguridad jurídica sobre la tierra y limitantes como la reducida cantidad de vías de acceso a las zonas potenciales o los problemas de estructura en una de las partes de la cadena productiva: la recolección y el almacenamiento en barricas.
A pesar de ello, actualmente existen beneficiadoras que han superado la barrera de los controles sanitarios y exportan almendra pelada de primera calidad. De producirse mayores inversiones en el sector, se podría inclusive aumentar los volúmenes de exportación de castaña con valor agregado.
Actualmente, existen pocas inversiones nacionales que incursionen a partir de la castaña en las industrias de la cosmética o los alimentos. Sin embargo, queda la esperanza de la voluntad del sector de dotar a la castaña de mayor valor agregado en adelante. El potencial existe y hay que aprovecharlo.