Las elecciones de diciembre se reconocen por todos como cruciales, no tanto porque devienen en el producto terminal de un proceso de convulsión y emergencia de fuerzas y sectores diferentes a los “tradicionales”, sino, más bien, porque reinstalan la política en la sociedad civil, en la perspectiva de una nación diferente.
En este panorama, las propuestas políticas necesariamente deben diferenciarse de las hasta ahora conocidas, pues de lo contrario se harán ganadoras del apelativo de “tradicionales”; esto, sin embargo, no es nada fácil para rearticular un discurso diferente; los partidos, agrupaciones ciudadanas o cualquier otra organización deben articularse de una manera también diferente a los procesos de base y proyectar una imagen de organización social, política y económica diferente; en realidad, cada etapa de la historia produce sus propios imaginarios y éstos suelen tomar años en cristalizar como proyecto histórico.
Desde esta perspectiva podríamos intentar un inventario ideológico para estas elecciones y, aunque por fuerza será absolutamente primario, vale la pena elucubrar sobre el particular. Lo primero que debemos notar es que la contienda incorpora fuerzas inéditas, y lo segundo, que las fuerzas que ya tuvieron una experiencia histórica en los últimos años actúan al influjo de un acelerado cambio de discurso. O cambian o perecen.
En principio podríamos decir que se enfrentan una derecha liberal en la que caben el MNR, MIR y NFR, una derecha moderna que daría cobijo a Podemos, una estructura de centro derecha con UN, claramente diferenciable de las demás derechas, una izquierda moderna representada por el MAS y una izquierda radical-indigenista a la cabeza del MIP.
La derecha en Bolivia se ha remozado bajo el influjo de las regiones y los sectores emergentes hegemónicos. La izquierda, frente al fracaso de los clásicos postulados que dominaron la década de los 70s y 80s se ha flexibilizado, pero además incorpora una visión local mucho más efectiva, pues hace suyos los planteamientos de los sectores excluidos y empobrecidos a más de su condición étnica; finalmente, las fuerzas cuyo principio ordenador está dado por el sentido de raza en el horizonte de proyectos fundamentalistas y/o milenaristas enarbolan una visión básicamente campesina y migrante.
En todos los casos, desde la derecha hasta el indigenismo, pasando por las diferentes variantes de la izquierda, el sujeto de la acción final gira en torno a la exclusión y la pobreza. Quien pueda proponerle a la nación un país menos pobre y menos excluyente y oligárquico, más allá de sus discursos habrá ganado terreno en la historia futura.
Este conjunto de elementos diseñan un panorama electoral inédito, pero además le plantean al electorado desafíos que de momento no logran entender del todo: en tanto las tendencias ideológicas no dejen ver con mayor claridad sus proyectos de país, sólo podremos percibir las siluetas de lo que podría ser Bolivia después de diciembre, o más aún, entre diciembre y el final de la Constituyente.
*Renzo Abruzzese es sociólogo.
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