Brasil decidió cambiar su matriz energética, buscando un mayor uso del gas natural en la generación eléctrica. No hay enemigo chico, afirman los sabios populares, y amigo tampoco, habría que adicionar, como ilustra la fábula del león liberado por un ratón agradecido. En tierra y en oro, las proporciones entre Bolivia y Brasil no difieren mucho de los personajes de la fábula; cosa que naturalmente tiene sin cuidado a los que prefieren ser cabeza de ratón a cola de león. Ya le tocó al león ayudar al ratón construyendo el gasoducto.
Ahora, en un giro inesperado para el que no sabe de fábulas, el futuro del grande depende de los caprichos del chico. Tan ensimismados hemos estado con nuestro propio problema gasífero, que no hemos dado suficiente atención a las consecuencias de nuestros avatares en la vida de nuestro gran vecino, y me temo que las subestimamos. Hace unos días Humberto Vacaflor comentaba que:
"El Brasil está reduciendo sus compras de gas natural boliviano. Pasó de comprar 24 millones de metros cúbicos diarios en enero a comprar 19 millones ahora, en una tendencia descendente que se acentuará. En efecto, el gobierno de Lula acaba de cortar la política de incentivo al consumo de gas natural en su país, porque prefiere que la demanda se concentre en los combustibles no importados. El precio del gas boliviano subirá en 13 por ciento a partir de ahora en Brasil. Es probable que no se trate de una decisión relacionada con la nueva Ley de Hidrocarburos, sino con la especial crisis política y moral que sufre el gobierno del ex obrero brasileño".
Vacaflor es una de las personas mejor informadas del país, y es un formador de opinión merecidamente respetado; por lo que creo importante corregir algunas imprecisiones, ojalá evitando que se conviertan en percepciones consabidas. Es un hecho que Brasil vive una crisis política tamaño Maracaná cuyo final y consecuencias nadie se atreve a vaticinar, y es un hecho que Petrobras ha aumentado el precio del gas y disminuido las compras de gas en relación a lo proyectado, pero no hay conexión entre la crisis política y las medidas de Petrobras. La explicación tiene raíces más serias y de más largo plazo.
Brasil ha tomado hace años la decisión estratégica de cambiar su matriz energética, buscando un mayor uso del gas natural en la generación eléctrica, y en vehículos, domicilios e industria, al mismo tiempo que Petrobras participaba fuertemente en la exploración y explotación del gas boliviano. Como consecuencia del éxito de esta estrategia, se estima que la demanda brasileña de gas natural boliviano para el año 2007, llegue a 100 millones de metros cúbicos día. Nuestro gasoducto tiene capacidad para treinta. La diferencia debía ser cubierta por gas brasileño e importaciones de Bolivia, con la posibilidad de la construcción de gasoductos adicionales o ampliación del actual.
Estaba todo muy bien hasta que los bolivianos comenzaron a dudar sobre el mejor destino de su gas. Las consecuencias de ese cambio son conocidas; una de ellas es la disminución de inversiones de las petroleras, reduciendo la disponibilidad del gas boliviano para exportación. Al otro lado de la frontera, se llegó a temer que el gas boliviano dejase de fluir. El susto no se ha pasado ni mucho menos, y la cantidad y confiabilidad de la provisión del gas boliviano son temas candentes. Como ejemplo, un importante encuentro del sector energético incluía una sesión entera dedicada a "La masificación del uso industrial del gas natural. Desafíos del escenario político boliviano". Ahí Petrobras ya comentó el aumento de precios y las consecuencias de la reducción de inversiones en Bolivia.
La cantidad de expertos que aventuran opiniones sobre Bolivia va naturalmente en aumento. Un investigador de la Universidad de Sao Paulo decía refiriéndose al anillo de gasoductos desde Perú: "Bolivia tiene un historial de 30 años de seguridad de abastecimiento y esto es un activo. ¿Es Perú más confiable que Bolivia? ¿Argentina es más confiable que Bolivia, teniendo en cuenta lo que hizo con Chile y Uruguay? Su historial de confiabilidad es mucho peor". Por otro lado, las medidas tomadas con la Ley de Hidrocarburos tiene su lectura favorable: "Hoy en día, el Brasil cobra 60% de royalties e impuestos sobre combustibles líquidos. En Bolivia aumentaron a 50%. Me parece legítimo". Petrobras reconocía en aquel encuentro que la turbulencia política es consecuencia de una legítima insatisfacción con los resultados sociales del modelo económico. Ciegos no son.
El problema es complejo, pero está claro que las decisiones de Petrobras no obedecen a un susto político sino a un complejo panorama energético de largo plazo. Ya no cabe duda: Brasil necesita a Bolivia tanto como Bolivia necesita a Brasil; y esta hermandad está anclada en una conjugación de intereses de largo plazo.
*Jorge Patiño Sarcinelli escribe desde Brasil.
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