No faltan quienes ven ya muertos a los partidos políticos tradicionales o, por lo menos, de camino al cementerio. Los desbandes en el MIR, MNR, ADN, NFR y UCS reforzaron tal creencia.
También contribuyeron a ello imágenes en los informativos de canales de televisión. Eran asociables más a velorios que a cualquier otra cosa, con llanto de por medio y furia manifiesta de los dolientes (dirigentes y militantes) contra los sindicados de haber causado el deceso del ser querido (el partido).
Pero la verdad sobre el asunto saldrá a flote entre el 8 y 10 de diciembre, cuando se conozcan los resultados electorales finales. Recordemos que conforme a la normativa electoral en vigencia, para seguir existiendo los partidos deben obtener determinado porcentaje de la votación global. Si no lo alcanzan, la Corte Electoral dispone la cancelación de su personería jurídica, lo cual equivale a certificado de defunción. Así lo hizo respecto a Condepa y otros partidos que ya son recuerdos del pasado.
En tanto, analicemos las causas por las cuales dichos partidos parecen encontrarse al pie de la tumba. Por ejemplo en el MNR, existe una causa específica destacada: la edad. Fundado antes de concluir la primera década del siglo pasado, se aproxima a los 65 años de existencia. Debe tomarse en cuenta que los ciclos de vida de los partidos políticos se acortan drásticamente en países estructuralmente anclados en el subdesarrollo, como el nuestro. Mas allá del comportamiento irregular (corrupción, burocratismo, transfugio, etc.), todo un abismo entre la oferta electoral y sus posibilidades reales, constituye la causa final del repudio que últimamente se advierte hacia los miembros del sistema político-partidario tradicional. El pueblo aplaude a cuantos desde el poder le lisonjean los bolsillos con mejores ingresos y maldice a los desde allí no hacen o no pueden hacer eso. Así, los partidos ingresaron a un proceso de desgaste creciente que se hizo mayor a raíz de la crisis que aún vive el país, sobre todo en lo que concierne a ingresos y empleo. En Bolivia, 65 años equivalen a senectud plena, estado que hoy caracteriza al MNR. A causa de dichos factores, la vejez prematura aqueja al MIR y ADN. En cambio, otros, como NFR y UCS, parecen infantes condenados a muerte prematura.
El hecho de que legalmente se sobreviva a las justas de fin de año no salvará al MNR, ADN y MIR de quedar en estado comatoso. Seguro que iban a evitar la agonía que les espera, si en cuanto hace a estrategia y táctica electorales, se articulaban en un solo frente electoral, en una proyección de recambio generacional respecto a candidatos a la Presidencia de la República, Vicepresidencia, diputados y senadores. A fin de garantizarse una concentración del voto adversa al rival neopopulista, podían haberse enganchado, inclusive, al carro electoral de Tuto Quiroga o Samuel Doria. Como no hicieron ninguna de estas cosas, desde el punto de vista de una elemental estrategia electoral de sobrevivencia política se equivocaron de cabo a rabo y muy pronto pagarán las consecuencias.
A diferencia de los seres humanos, en los partidos políticos la agonía puede durar décadas. El Partido Liberal, más muerto que vivo, siguió dando pataletas hasta fines de la década del 50 del siglo pasado. Otro caso es el de Falange Socialista Boliviana, que a menudo aparece, como un fantasma.
¿El MAS? Tuvo una base de lanzamiento político-social marcadamente regional y gremial (cocaleros de Cochabamba y comunidades indígenas), con un discurso programático en igual dimensión. Ambas cosas le serán adversas para una vida prolongada. Y contra su precaria unidad interna ya se percibe en sus estancias el tic tac de una bomba de múltiples mechas.
*Mario Rueda Peña es abogado y periodista.
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