La democracia es una forma de gobierno en la que la participación del ciudadano adquiere una importancia especial a través de instituciones sólidas que puedan ser expresión adecuada de las demandas sociales. Allí están las mediaciones políticas que se expresan hoy en Bolivia mediante los Partidos Políticos, las Agrupaciones Ciudadanas y los Pueblos Indígenas.
Estas mediaciones deberían tener, en este marco, un carácter permanente para brindar espacios adecuados a la reflexión propositiva sobre los distintos problemas del país. Es decir no deberían existir simplemente en función de la realización de elecciones generales o municipales y menos aún en función de una eventual Asamblea Constituyente.
Sin embargo, en Bolivia, se ha visto la carencia de estas estructuras partidarias o ciudadanas que puedan estar por encima del carisma de los líderes o la figura de los candidatos que se presentan en las elecciones. Al contrario, la manera en la que se definieron estas candidaturas muestra el elevado grado de improvisación en el que se desenvuelve la actividad política en el país.
Si se miran las distintas listas de candidatos, el ciudadano no deja de observar que muchos de ellos no reúnen las condiciones necesarias para garantizar un efectivo ejercicio de la función pública, carentes en su mayoría de experiencia y preparación para la labor administrativa del Estado.
Por otro lado, muchas de las ofertas electorales parecen reflejar acuerdos momentáneos y coyunturales en función de las elecciones y de los posibles repartos de distintos espacios de poder. Nuevamente se repite el espectro de la conformación de conglomerados políticos ideológicos que luego formaran parte de las instituciones democráticas.
El inconveniente de esta situación es la improvisación de mediaciones políticas que lejos de pensar soluciones estructurales a los problemas del país, generen simplemente ilusiones y espejismos que no dejan de ser momentáneos.
Finalmente, para nadie es extraño que un verdadero programa de gobierno no puede construirse en tres meses. Y es precisamente la labor en la que muchas tiendas políticas están empeñadas. Actuar de esta forma no hace sino otorgar el peso definitivo a la elección en propuestas populistas a sabiendas que muchos de los planteamientos no se podrán cumplir.
Es así que la consolidación democrática en Bolivia exige instrumentos políticos que tengan carácter permanente, que canalicen efectivamente las demandas sociales y que piensen en el largo plazo soluciones estructurales a los problemas del país. Esto nos alejaría del fantasma de crear ilusiones fabricadas para los períodos electorales.
*René Cardozo es sacerdote jesuita. Diplomado del Instituto de Estudios Políticos de París.
¿Murieron?
No faltan quienes ven ya muertos a los partidos políticos tradicionales o, por lo menos, de camino al cementerio. Los desbandes en el MIR, MNR, ADN, NFR y UCS reforzaron tal creencia.
Forcemos una megacoalición
No recuerdo en este instante el nombre del cocalero que, hace un tiempo, expresó muy suelto de cuerpo que los resultados de la elecciones le tenían sin cuidado,