No recuerdo en este instante el nombre del cocalero que, hace un tiempo, expresó muy suelto de cuerpo que los resultados de la elecciones le tenían sin cuidado, pues ellos entendían que si el gobierno elegido, no hacia realidad, sus sueños, volverían al matonaje del bloqueo, sin ponerse colorados. Posiblemente muchos ingenuos piensen que, lo enunciado constituye muestra clara de la incontinencia verbal pero aunque abochorne decirlo, es razonable pensar que la amenaza es real. Tenebrosamente real.
Por ello, ante ese escenario posible, es imprescindible generar una respuesta contundentemente preventiva. ¿Por qué una megacoalición? Primero porque el país necesita imperiosamente un periodo de fertilidad y a él sólo se llega instalando en mitad de la sociedad estabilidad. La estabilidad sólo será posible alcanzarla si el Gobierno que jure en enero tiene un respaldo en las urnas, que bordee un 70%. Personalmente creo que el muñeco de ventrílocuo del dictador caribeño, obtendrán entre un 25 y 30% y por ello sólo un contundente dos a uno, podrá bajarle el tono, a su fanfarronería de creer que su discurso es la voz de la patria. Una megacoalición también permitiría que salvemos a los partidos políticos, que son aunque irrite decirlo, piezas imprescindibles en todo juego democrático (recuerden, exprese imprescindibles, no exclusivas) Así como se vienen las cosas todo indica que algunos de ellos pueden obtener votaciones de tres puntos y eso sería malo, muy malo. Una megacoalición viabilizaría un germen autonómico, pues a las prefecturas, podría postular personajes como Juan Carlos Durán, Jaime Paz Zamora, Manfred Reyes Villa, Leopoldo Fernández, que por su experiencia en el desempeño de la cosa pública, podrían sembrar fecundamente bases importantes y al unísono, recomponer estructuras partidarias, que a hoy están en coma cuatro. En fin hay mucho por decir, pero lo vital es hacerles entender a todos los entusiastas y trasnochados candidatos, que cualquiera de ellos, que obtenga la presidencia desde un 25% de votación y una orgía sodomita en el congreso, la banda, la medalla y el bastón de mando, apenas si le alegrarán la existencia, hasta el Corpus del 2006, pues la comparsa de los cocaleros es cada vez más eficiente y eficaz en defenestrar a ególatras soberbios. No les sirvamos en bandeja, otro más. Creo que la patria no lo aguantaría.
*J.A. Ortecho y Armaza escribe desde México.
¿Murieron?
No faltan quienes ven ya muertos a los partidos políticos tradicionales o, por lo menos, de camino al cementerio. Los desbandes en el MIR, MNR, ADN, NFR y UCS reforzaron tal creencia.
La política de la improvisación
La democracia es una forma de gobierno en la que la participación del ciudadano adquiere una importancia especial a través de instituciones sólidas que puedan ser expresión adecuada de las demandas sociales.