Acabo de pasar por Arequipa, sí, literalmente pasar, por la ciudad blanca peruana porque fue imposible quedarme a pernoctar. Los hoteles estaban repletos y no había dónde colocar a una persona más. De hecho inclusive esos poco límpios moteles de a pie que allí se llaman hostales y que cobran 10 soles la hora, pudieron, lavando un poco las sábanas, acoger a huéspedes por nada menos que 50 dólares la noche.
Y créame amigo lector, no es que atrasaran las festividades de la Asunción que es la fiesta más importante de la ciudad, ni que nos estén robando el carnaval de Oruro, nada de folklore, lo que pasó en Arequipa la semana pasada es que tuvo lugar el simposio nacional de Minería, la reunión más importante del rubro y donde se da cita todo aquel que tiene algo que ver con esa industria en el hermano país.
Y bueno, la reunión tuvo tonalidades de fiesta, y no es para menos, Perú se ha convertido en uno de los exportadores mineros más importantes del mundo, (ellos, copiándose tal vez del triunfalismo chileno, dicen el más importante), y se sabe que buena parte de los 15 mil millones de dólares que ha exportado el Perú en el último año, tiene que ver con ese boom de la minería que se está dando aquí, a la vueltita. Y dígame amigo lector, ¿no le da a usted un poco de envidia?, y ¿otro poco de rabia? Porque nosotros, Bolivia, somos el país minero por excelencia, nosotros deberíamos estar en medio de la fiesta, nosotros deberíamos estar aprovechando la coyuntura, y en cambio, pareciera ser que la dinamita, la usamos sólo para hacer demostraciones.
Comparar a Bolivia con Suiza o con Suecia, aún con Venezuela, es cosa de imbéciles, pero nos toca compararnos con el Perú, con ese hermano siamés que tanto, pero tanto se parece a nosotros. Y ¿sabe qué?, en la prensa peruana, en los programas políticos de televisión, aparecen constantemente las comparaciones, los allegados al gobierno de Toledo dicen claramente que el Perú ha logrado esos altos niveles de inversión, y esas grandes exportaciones gracias a la confianza que el Gobierno ha logrado dar a los inversionistas, —no como sucede en otros países de la región— dicen diplomáticamente.
¿Se puede revertir la situación?, el caso de la mina San Cristóbal podría ser una señal de que sí, pero recuerdo los eventos de hace un año, de la abusiva toma de la mina Caracoles por parte de intransigentes cooperativistas, y de la negligente pasividad del Gobierno que dejó avasallar a la legalidad y con rabia y frustración pienso que nos tocará ver pasar un tren más. En el Perú se festejan las inversiones, aquí nos estamos preparando para una orgía de nacionalizaciones.
*Agustín Echalar es periodista independiente.
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