¿Qué clase de representación puede ofrecer un político tradicional que cambia de sigla partidaria, de color, de jefe, de discurso y de ideología según las circunstancias o la coyuntura? ¿A quiénes pueden arrastrar estos individuos buenos para todo?
Ayer emenerrista, mirista, adenista o eneferista y hoy sorpresivamente masista o con el sombrero de alguna agrupación civil vaya a saber de dónde y de quiénes. O peor aún, ayer terrorista confeso y hoy muy suelto de cuerpo defendiendo los derechos civiles, el respeto al disenso, la vida humana, la pluralidad de ideas.
Al igual que las señoritas de la calle que ofrecen sus servicios profesionales al mejor cliente por unos cuantos pesos, estos personajes han prostituido la política, el mandato popular, la representatividad ciudadana. Sirven para todo, se prestan para cualquier proyecto político, están al servicio del mejor postor con tal de mantenerse en el poder. Como los comodines, hacen juego con cualquier palo o color con tal de mantenerse activos, cerca del gobierno de turno. Son buenos para todo, para cualquier trabajo y prestan su mente y conocimientos para elaborar teorías políticas y económicas a gusto del consumidor.
Yo me pregunto, ¿a quiénes pueden arrastrar estos individuos con semejante actitud, ética y comportamiento? ¿Qué ciudadanos pueden ser capaces de adherirse a semejante comportamiento absolutamente interesado y endosarles su voto, sus anhelos e ideales?
Por la otra parte, ¿cómo pueden sus nuevos dueños, amos o jefes políticos confiar en semejantes individuos si ellos mismos son testigos de su poca lealtad, de su falta de escrúpulos y les consta lo fáciles y vulnerables que son por el brillo ajeno? Una vez que se ha sido infiel o desleal se está condenado a la incertidumbre, a la desconfianza y a la duda permanente así se vuelva a jurar amor y devoción eternas.
Políticos de profesión que prestan sus servicios al mejor postor. Que hacen de la representación ciudadana un circo, una payasada. Que se creen investidos de por vida de un mandato popular a toda prueba al que pueden traicionar y volver a traicionar mil veces impunemente. Que pregonan valores de patria, libertad, respeto y lealtad, y que con sus actitudes y comportamiento demuestran en los hechos todo lo contrario al no respetar a sus partidos, a sus compañeros o enemigos. Que niegan al padre en presencia del nuevo padrastro.
Igual que los mercenarios no les importa para quién pelean o matan. Son buenos para todo. Tienen disfraces de monos, de militares, de gallos, de originarios lo importante estar al lado del posible ganador, junto al poder cueste lo que cueste. Padrillos de alquiler venden sus servicios profesionales al mejor cliente sin importarles el color ni el olor del mismo.
Como gusta el poder, como agarra, como envanece y envilece. Una vez que te has acostumbrado a ser un mantenido ya sea porque la política te dio apellido, posición social y encima dinero vendes tu alma al diablo por continuar en ella. Lo que da pena, como decía Sor Juana Inés de la Cruz, es que no sólo es censurable el que peca por la paga sino también el que paga al pecador.
*Antonio Soruco es ingeniero.
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