La semana pasada se celebró un nuevo aniversario de la Revolución del 14 de septiembre de 1810, que impulsó al pueblo de Cochabamba a romper vínculos con España y a reconocer como autoridad central a la Junta de Gobierno de Buenos Aires.
Cabe recordar que al tener la Junta de Buenos Aires conocimiento del levantamiento cochabambino, envió a los insurrectos un elocuente mensaje: "El memorable día 14 de septiembre, en que la fuerte y valerosa ciudad de Cochabamba hermanó sus ideas con las de esta capital, hará desaparecer de sobre el suelo americano la tiranía y despotismo que por tanto tiempo la ha mortificado, y que brille la libertad patriótica a que aspira la nación".
La Junta de Buenos Aires tenía razón porque, en efecto, la revolución de Cochabamba determinó el alzamiento de Santa Cruz de la Sierra, que se efectuó el día 24 de septiembre, y el de Oruro, realizado el 6 de octubre, los cuales también se plegaron inmediatamente a Cochabamba y Buenos Aires.
Con la revolución de Cochabamba gran parte del Alto Perú quedó libre e impidió que mayores fuerzas realistas cooperasen a las huestes del presidente Nieto que esperaban en Potosí al primer ejército auxiliar argentino y ello contribuyó en gran medida a la victoria patriota de Suipacha, acaecida el 7 de noviembre de ese mismo año.
Han pasado 195 años de esos gloriosos acontecimientos que probaron la gran influencia de Cochabamba en el resto del país, explicables por ser esta ciudad el centro geopolítico de la nación, por estar situada casi a la misma distancia de La Paz que de Santa Cruz, Trinidad, Potosí, Oruro o Sucre. Y es por este fundamental motivo que el Libertador Simón Bolívar propuso que en ese valle se erigiese la capital de la República.
Sabemos que los chuquisaqueños, que fueron los fundadores de Bolivia, decidieron que la capital fuese La Plata, la antigua sede de la Real Audiencia de Charcas. Pero esos padres de la patria no comprendieron que la futura Sucre era una ciudad pequeña y situada muy a trasmano. Por esta causa, la gran mayoría de los gobernantes del siglo diecinueve prefirieron residir en La Paz. Y de este modo además, la ciudad de Murillo en los albores del siglo veinte, se consolidó como sede permanente del gobierno central.
Pero actualmente La Paz carece de condiciones para continuar siendo el centro oficial del país. Es una ciudad que ya no tiene espacio para una mayor extensión. Solamente queda El Alto, zona que se podría calificar de inhumana para habitar por su excesiva altura y su gélido clima. La misma hoyada paceña, dentro de pocos años, será también inhabitable por sus grandes dificultades de tránsito. Es preciso tener presente que no existe en Bolivia una sede oficial de gobierno. La Paz es sede de hecho, pero no de derecho. Por lo tanto, el cambio de asiento de los poderes Ejecutivo y Legislativo a otras localidades, no requiere de modificaciones a nuestra carta constitucional. Y ratificando a Bolívar, hay que reconocer que la situación geográfica en que se encuentra Cochabamba, que la convierte en un verdadero eje de la nación, la condiciona realmente para llegar a ser la nueva residencia del gobierno. Y de este modo además, a Sucre podría ser trasladado el Congreso Nacional, lo que determinaría una verdadera descentralización administrativa como mucha gente anhela en el país.
Se debe recalcar por último, que si se mantiene el gobierno en esta capital, Bolivia se dividirá irremediablemente en dos polos hegemónicos rivales, La Paz y Santa Cruz, lo que podría tender a un peligroso separatismo. Mientras que si se lo instala en Cochabamba, el país contaría con tres ciudades de casi la misma dimensión e importancia que encaminaría a un desarrollo más armónico y equilibrado de toda la nación.
Pronto se instalará una nueva Asamblea Constituyente destinada a efectuar "cambios trascendentales", según sus propugnadores. Lamentablemente esos cambios que se avecinan tienden a separar aun más a nuestro heterogéneo país. En tanto que si dicha asamblea determinase el cambio de sede de gobierno a Cochabamba y del Congreso a Chuquisaca, no sólo habrá contribuido a una mayor descentralización del Estado, sino que lo haría buscando precisamente la unidad y la integración de todos los departamentos que constituyen la nación boliviana.
*Ramiro Prudencio Lizón es escritor y diplomático.
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