¿Los políticos tránsfugas suman o restan votos a un partido político? Es la pregunta del millón. Los bolivianos hemos podido observar que a pocas horas antes de que se cierren los registros electorales para las próximas elecciones generales, muchos políticos migraron de un partido a otro, cometiendo así el más vergonzoso transfugio. La mayoría de los “pasa-pasas” eran de los partidos tradicionales MNR, ADN y MIR, partidos políticos que murieron para siempre. Aquello, sin embargo, no se justifica.
Esto parece circo pobre. Estos payasos —que no merecen el respeto de nadie— con el fin de mantenerse vigentes y en el poder, se adscribieron al caballo que creen ganador y negociaron con el jinete que les ofrecía las mejores cuotas de poder.
Podemos de Quiroga y UN de Doria Medina acogieron con entusiasmo a los tránsfugas con la esperanza de atraer más de votos. Aquello, sin embargo, no garantiza que estos oportunistas vuelvan a cometer transfugio.
Cuando un ciudadano se inscribe al partido político de su preferencia supuestamente apuesta por esa ideología y lleva de forma clara los principios establecidos de dicho partido. En Bolivia, sin embargo, los que dicen llamarse políticos carecen de la manera más cínica no sólo de ideología o principios sino de lealtad; velan sólo por sus propios intereses y no por los del país. ¿Será que tan rápidamente cambian su pensamiento, convirtiéndose así en camaleones que cambian de color según la ocasión?
Usted estimado lector, ¿votaría por un determinado partido sabiendo que un nuevo candidato a diputado o a senador era hasta hace poco el más fiero contendor de aquel partido?
El transfugio es un arma de doble filo que da mala imagen a personas y partidos. Algo parecido sucede con las alianzas políticas. El caso de coalición más vergonzoso que vimos fue cuando el MIR —que se creó a raíz de la represión de Banzer—, años después se alió a su más ferviente enemigo, ADN.
La historia nos dice que muchas alianzas han sido un fracaso. Las hemos visto y seguiremos viendo. Según las encuestas, el voto está como nunca dividido entre la derecha —que a la vez está fracturada— y la izquierda encabezada por los movimientos sociales.
Ese pensamiento que en la política “todo vale y todo es posible” es de una pobreza infinita y no es excusa para que los políticos oportunistas y peguistas cometan transfugio.
Volvamos a la pregunta inicial. En un país como el nuestro probablemente los tránsfugas aporten votos al partido, pero no hay que subestimar a la opinión pública que está harta de la desprestigiada clase política y tal vez emita el voto “castigo” que le restaría votos a la candidatura.
¿Si usted fuera el jefe de un partido político en carrera a la Presidencia, daría un cargo de confianza a un tránsfuga? Un político con visión y principios no lo haría, pero la historia reciente nos muestra otra realidad. Aún nos queda por confirmar si la presencia de los tránsfugas aumentará o quitará votos a los partidos en cuestión.
*Verónica Ormachea G. es periodista.
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