El titular de la Cámara de Diputados de Brasil, Severino Cavalcanti, dimitió ayer a su mandato por serias denuncias de corrupción y abrió así una enconada disputa por el cargo entre la oposición y el partido del mandatario Luiz Inacio Lula da Silva.
Cavalcanti, un líder ultraconservador que durante los siete meses que estuvo al frente de la Cámara fue un inesperado y fiel aliado de Lula, dimitió acorralado por acusaciones de extorsión contra el dueño del restaurante del Parlamento, fundadas en pruebas entregadas a la justicia.
En su discurso de despedida, Cavalcanti hizo un repaso de su pobre infancia y adolescencia en el noreste de Brasil, la región más miserable del país, y atribuyó a los prejuicios que existen contra los habitantes de esa zona la “persecución” que lo llevó a su renuncia. La presidencia de la Cámara es un cargo clave para controlar la pauta legislativa, que tiene para discutir con urgencia una reforma tributaria y una compleja reforma política, que deberá servir para evitar las irregularidades en la financiación de varios partidos en la campaña electoral del 2002, que llevó a Lula al poder.
Cavalcanti milita en el Partido Progresista, PP, uno de los ocho de la coalición del gobierno de Lula da Silva, que ayer recibió otra mala noticia. Un estudio del Instituto Brasileño de Opinión Pública y Estadísticas (Ibope), el nivel de confianza en Lula ha caído 12 puntos porcentuales desde junio (de 56 a 44%), cuando surgieron las primeras denuncias de corrupción que salpicaron al Gobierno. Brasilia y Río de Janeiro, EFE