Sin duda alguna los precios récord del barril de petróleo nos debe llamar la atención, así como lo hace a nivel global.
De acuerdo a los analistas extranjeros, esta alza (que viene desde el 2004), se debe a que la oferta está ligeramente por debajo de la demanda, algunos problemas en refinerías de EEUU, los problemas en el Medio Oriente, las tensiones recién generadas en Arabia Saudita y otros que surgirán en el camino. Es muy difícil que estos detonadores de los precios puedan desaparecer por completo.
Además de lo anterior, algunos analistas más pesimistas indican que el petróleo fácil se está acabando, que la era del petróleo fácil ya pasó, y que estarían intentando convencer al mercado del uso de un petróleo más contaminante (sucio), ya que los petróleos limpios se están agotando.
Y no cabe la menor duda de que el crecimiento de la producción mundial de petróleo no está pudiendo hacer frente a la demanda de todo el planeta. Además, no debemos olvidar que esta riqueza es no renovable y que las reservas se agotan y se deben hacer mayores esfuerzos en inversión tecnológica para encontrar petróleo. Frente a esto, surgen fuentes de energía alternativa en franco desarrollo.
Ya el 2003 se inauguró en Islandia la primera estación de servicio de hidrógeno para vehículos (diario Clarín del 25 de abril del 2003), esto quiere decir que desde hace bastante tiempo se vienen dando los primeros pasos para que el hidrógeno se convierta en un combustible viable. Reconocemos que resta un buen tiempo para que esta energía alternativa pueda ser desarrollada en términos competitivos, pero insistimos que se vienen realizando grandes inversiones en investigación que sin duda alguna van a dar resultados.
Por lo tanto, debemos reconocer que con el petróleo y gas se está jugando el segundo tiempo del partido, y que debemos prepararnos para el final, que por cierto no es a corto ni mediano plazo, sino a largo plazo, pero no olvidemos que todos los plazos se cumplen y que ya estamos vaticinando el final. ¿Qué hacer frente a esta realidad?
Primero, reconocer que Bolivia en el contexto mundial es un actor sin ningún peso específico en el ámbito energético y que por lo tanto debe alinearse a las corrientes mundiales. Reconocer que Bolivia no cuenta ni desarrolla tecnología propia en el campo energético. Por lo tanto, debemos comenzar a utilizar nuestro gas natural, como el país con mayores reservas de gas en el Cono Sur, constituyéndonos en un ente articulador con nuestros vecinos (nosotros debimos haber sido los mentores del anillo energético). Esto sin duda pasa por elaborar una política en materia de hidrocarburos de largo alcance, que nos permita afrontar el futuro, frente a una clara declinación de los combustibles contaminantes.
*Javier Jironda C. es ingeniero.
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