Un platillo hecho de la mezcla de cerámica, habilidad, imaginación y experiencia tiene dibujadas algunas llamas y cabras, otro lleva pájaros, cerros y el blanco Illimani. Así son algunas de las piezas que aparecen fotografiadas en la invitación de tres cuerpos del artista Mario Saravia.
El tríptico cumplió su cometido y convocó a los gustosos y amigos del arte y de las formas en barro al Centro de Cultura, Arquitectura y Arte Taipinquiri, donde el conocido ceramista inauguró, con un vino de honor, la exposición Lo que hago con mi tierra.
Esta muestra encierra en cada pieza un concepto bien diseñado en la mente de su creador, quien lleva moldeando arcilla con sus dedos, en la plancha o con el giro del torno, 25 años.
La muestra cuenta con 40 piezas que van desde vasijas hasta estelas con ciertas similitudes al cuerpo humano, todas cocidas a diferentes temperaturas, “porque la cerámica es un arte de fuego”, comenta Mario Saravia. Para él, si no hay fuego sólo es arcilla, pues con el fuego se hace cerámica.
Esta muestra, que en unas semanas más tendrá a varias de sus piezas en una exposición en París, es el resultado de un año de trabajo, tiempo en el que el artista ha dejado correr sus manos y su creatividad sobre las coloridas arcillas del Valle de la Luna.