Fiscales federales investigan si un fabricante de chalecos antibala puso vidas en peligro, incluida la del presidente George W. Bush, al ocultar fallas potencialmente letales en ese tipo de vestimentas vendidas al gobierno estadounidense y a agencias policiales.
Un empleado de la empresa, Second Chance Body Armor Incorporated, de Central Lake, Michigan, declaró este mes que el Servicio Secreto probó y adquirió parte de esos chalecos antibalas defectuosos para el presidente y la primera dama Laura Bush.
El Pentágono también obtuvo los mismos chalecos antibalas para soldados de elite que escoltan a generales, indicaron transcripciones de documentos obtenidas por The Associated Press.
Se vendieron numerosos de esos chalecos aún después que Second Chance recibió advertencias de que el material sintético Zylon, hecho en Japón, se estaba deteriorando más rápido de lo esperado debido al calor, a la luz y a la exposición a la humedad. Y eso hubiera permitido a las balas penetrar el blindaje.
La Fiscalía ha obtenido documentos que indican que Second Chance fue informada, ya en 1998, por el fabricante japonés del material, Toyobo Corporation, que el Zylon perdía sus propiedades protectoras al cabo de un tiempo. Washington, AP