Merecida. Bien merecida es la condecoración en grado de orden al mérito civil Libertador Simón Bolívar que le puso en el pecho la Cancillería de la República a Graciela Urquidi, más conocida por todos como la maestra Chelita. Modesta cuan ninguna creyó incluso que no era merecedora de ninguna condecoración.
Hoy, a sus 85 años, postrada en una cama de hospital, la insigne bailarina es considerada un símbolo de la danza en Bolivia. Forjadora de generaciones y generaciones de niños y niñas bailarines, dedicó largos años de su vida a transmitir pasión por el baile, la música y la cultura nacional y universal.
Esta potosina de gran valía dedicó cada paso, talón, punta, voltereta y giro al revés a sus alumnos y público en general. Es considerada, además, una embajadora de la cultura boliviana. Los que la aprecian desean su pronta recuperación de salud.