Los movimientos indígenas recurren cada vez con más fuerza a identificarse con sus regiones, sus razas, sus culturas. La identificación es conocida en el psicoanálisis como la manifestación más temprana de un enlace afectivo a otra persona desempeñando un papel importante en el complejo de Edipo. “El niño manifiesta un especial interés por su padre queriendo ser como él y reemplazarlo en todo” “hace de su padre su ideal modelo a imitar, identificándose con él, inclusive en la elección de objeto”. (Freud)
La identificación es la forma más antigua de enlace afectivo, pudiendo copiar totalmente a la persona amada o también identificarse parcialmente, tal el caso de los neuróticos; la hija que contrae los mismos síntomas patológicos, por ejemplo la tos que atormenta a la madre, siendo el síntoma el punto de contacto analógico con el objeto amado.
También la sustitución del objeto amado perdido, por la identificación con él, es un mecanismo psicológico defensivo, o sea la introyección en el propio “YO”, caso publicado por la Sociedad Internacional del Psicoanálisis, de un niño que entristecido por la muerte de su gatito “declaró ser él dicho animal y comenzó a andar a cuatro patas, negándose a comer en la mesa”. (Markutszewicz).
El enlace recíproco de los individuos en una comunidad y los numerosos lazos afectivos que los unen, basta para explicarnos la identidad de reacción con la de los demás, sobre todo, en la masa donde el individuo está dominado por la influencia del alma colectiva, los prejuicios de clase, raciales, la opinión pública, etc.
El instinto gregario y el lenguaje actúan también como base de identificaciones de los individuos.
Existen trabajos modernos sobre la materia de identidad y lealtad que cobran actualidad en nuestro país debido a la diversidad de comunidades y culturas existentes (Ignacio Barrientos Pardo), siendo la lealtad un tipo de identificación a su vez requisito de cohesión social.
Los movimientos indígenas recurren cada vez con más fuerza a identificarse con sus regiones, sus razas, sus culturas, sus costumbres, su lenguaje, existiendo múltiples comunidades sociales que generan pluralidad de identificaciones; las del Altiplano con la sangre de Atahuallpa (Calzavarini), “el Ayllu” la “Pachamama” “El Inti”, “Los Mallcus”; las del oriente con la modernidad, la tecnificación, la libre empresa, el libre mercado, la democracia, las autonomías. Ambas sociedades entran en conflicto entre ellas y el Estado boliviano que se ve presionado ya sea por las comunidades originarias de occidente o de la sociedad oriental, generándose poderes duales: El uno representado por el poder oficial (Ejecutivo, prefectos corregidores) el otro por las organizaciones comunitarias (Comités cívicos, Juntas vecinales, organizaciones campesinas, el Capitán Grande, el Cacique).
Es de hacer resaltar que las naciones Aymaras, Cambas, Tapietes, Quechuas, Guaraníes no están identificadas con el Estado centralista ni con las autoridades prefecturales y corregidores nombrados a “dedo” pese a existir algunas autoridades Aymaras o mestizos.
Antiguamente, durante el Estado Colonial, fue muy importante la labor de los Jesuitas y también de los Franciscanos que establecieron en el siglo XVII un sistema llamado “Reducciones” en distintos territorios denominados “Misiones” (Calzavarini). “La Reducción fue organizada como entidad sociológica de acuerdo a su correspondiente infraestructura de relaciones sociales” “La palabra misma ‘Reducciones’ expresaba este esfuerzo de pasar —‘reducir’— de las
estructuras indígenas a las occidentales”. “La interconexión y vinculación entre varias reducciones, les otorgaba un poder de tipo regional y permitía la organización autónoma de los indígenas frente al Estado central”. “La característica defensiva que adquirieron después y que les permitía armarse, dieron a la conciencia indígena un sentido de apropiación”. (Calzavarini)
Las “Reducciones” Jesuitas en su época permitieron articular las instancias salvajes y las civilizadas y convirtieron las tierras denominadas “pobres e inhóspitas” en emblema de riqueza económica, social, artística. “El Estado colonial tuvo que acudir a los indios de las ‘Reducciones’ para embellecer sus casas, conventos, iglesias y alcaldías”. (Calzavarini)
El Estado boliviano actual “centralista”, no representa a las comunidades sociales, y ellas tampoco se sienten representadas por él, pese a que en algunos gabinetes, aparecen o algún ministro aymara, quechua, o de pollera. Existe una corriente llamada occidental (Aymara y Quechua; y otra oriental bien identificadas, que se oponen culturalmente representando dos polos que son alimentados por fuerzas regresivas inconscientes —en el sentido freudiano— que corresponden a la horda primitiva o a la tribu y que pueden llevar al enfrentamiento, como fue “octubre negro” “jornadas de El Alto” “El cerco a la Paz” “el asedio a Sucre” “La paliza que propinó la unión juvenil cruceña a marchistas que enarbolaban la wiphala y otros”.
Las comunidades no representadas por el poder estatal, no se identifican con él y lo bloquean, lo hacen caer, unos por considerarlos “caras” y otros por considerarlos “collas” siendo el Estado apenas un interlocutor. Por todo lo que antecede se hace necesario cumplir el papel importante que jugaron las “reducciones” Jesuitas durante el Estado colonial. Hoy el Estado boliviano necesita “reducir” de centralista a autonómico, para lograr la modernización, la cohesión social y “coexistencia pacífica” entre las diferentes culturas y comunidades.
*Enrique Castellanos Vásquez escribe desde Tarija.
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