Hay circunstancias históricas donde los pueblos ponen a prueba su fortaleza, su mística, su razón de ser como comunidad. Los indios Kuná de Panamá resumen lo irreversible de muchas circunstancias de la vida cuando dicen que “la naturaleza no perdona nunca”. Cuando una epidemia se declara, es esa misma naturaleza y su implacabilidad la que se manifiesta ante los malos hábitos higiénicos y dietéticos de los pueblos y estos son puestos a prueba.
Cuando la epidemia del cólera, esa temida enfermedad cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos y que la modernidad creía haber erradicado, azotó la región de las américas en febrero de 1991, proveniente de las costas peruanas del Pacífico, de un brote en Chimbote que golpeó el corazón de la industria pesquera; Bolivia la resistió hasta el 26 de agosto, cuando el ministro de Salud de entonces, Mario Paz Zamora, y la ciudadanía movilizada, la enfrentaron en una conducta sacrificada de organización y de higiene y salud pública; enfermedad devastadora derivada de la pobreza, que entre la diarrea y los vómitos se llevaba cientos de hombres y mujeres en pocas horas y que felizmente ahora la tenemos casi resuelta.
Esta página de la historia de la medicina, fue la que Mario Paz Zamora presentó, en especial coincidencia, el 26 de agosto pasado a casi 15 años de esos sucesos, con motivo de su ingreso a la prestigiosa Academia Boliviana de Historia de la Medicina, en una solemne sesión presidida por el académico doctor Jaime Ríos Dalenz, en el Colegio Médico de Bolivia.
El trabajo resumió los conceptos y las acciones que se asumieron dentro y fuera del país para contener ese terrible brote de cólera. En criterio del doctor Paz Zamora, constituyó sin duda, el acontecimiento de salud pública más importante para los países de la región y lógicamente para Bolivia, en el Siglo XX. Es por ello, que la “guerra contra el cólera” con sus deficiencias y sus virtudes, ya forma parte de la historia de la medicina boliviana. Se desnudaron de manera cruel nuestras deficiencias sanitarias y medio ambientales, pero también se probó la capacidad de los profesionales y técnicos de su sistema de salud y la indudable fortaleza moral del pueblo para defenderse del mal.
Tal vez, la estrategia más meritoria que se adoptó, fue la de empezar a combatir el cólera cruzando las fronteras y realizando acciones de apoyo y cooperación en los territorios vecinos ya afectados como el Perú, Brasil y Argentina especialmente para proteger nuestra frontera desde allá, donde en efecto, miles de personas las cruzaban y las cruzan y sabiendo como sabíamos que el vibrión cólera se traslada en el aparato digestivo del ser humano.
Pero también, las campañas de toma de conciencia y educación pública que realizó el Ministerio de Salud para frenar el flagelo tuvieron un efecto grandemente positivo. La campaña se llamaba, sin vueltas: “Alto al cólera”; era muy didáctica e instaba a la higiene generalizada pero en especial a la de la ingesta y excreta de los alimentos; a romper ese circuito “ano - boca”. Es decir, “lavarse las manos antes de comer y después de usar el baño”; beber y comer agua y comida hervida. Por ello, Mario Paz Zamora relató en su presentación, que uno de los momentos gratos que tuvieron entonces, se les dio visitando el mercado Lanza, en el corazón popular de la urbe paceña, en medio de esa intensa campaña educativa que se impuso en el país, y encontró un pequeño cartel colgado de la carpa de un puesto de venta que decía, “acá se sirve café con agua hervida”. Así vencimos al cólera, todos juntos.
Hoy creemos que por ello podemos decir que los niños de hace 15 años no olvidaron las enseñanzas y los valores de higiene y salubridad que difundimos a nuestro pueblo. Seguimos venciendo al cólera, día a día, pues los niños de aquellos años, mamás y papás hoy, las siguen transmitiendo a los suyos, todos los días.
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