Es muy posible que la figura de este nuevo Santo de la Iglesia Católica pase desapercibida en medio del panorama conflictivo que nuevamente tiñe el escenario político boliviano. Sin embargo, vale la pena destacar la personalidad de Alberto Hurtado, no solamente por tratarse de un importante aporte a la Iglesia Católica Latinoamericana, sino porque el trabajo desarrollado por este sacerdote muestra el profundo nexo que existe entre la promoción de la Fe y la lucha por la justicia en nuestros pueblos.
De esta forma, la figura de Alberto Hurtado nos recuerda a todos esos cristianos que por su apego a Cristo optan por una entrega radical para transformar el mundo en el que viven y luchan decididamente por eliminar las injusticias sociales y los males que agobian a los sectores más desprotegidos y marginados. Allí estaba Monseñor Óscar Romero, Ignacio Ellacuría, o Luis Espinal que afirmaba y denunciaba la “terrible prudencia de acallar los gritos de los hambrientos y los oprimidos”, y pedía “sinceridad, para no llamar prudencia a la cobardía, al conformismo y a la comodidad”.
Alberto Hurtado no permaneció indiferente o prudente ante las situaciones de explotación y marginación que se presentaban en la sociedad chilena. Al contrario intentó responder ante estos desafíos trabajando desde los sectores educativos, sociales, políticos y culturales. De allí su participación en la Acción Católica, la creación de los Hogares de Cristo, en la espiritualidad, en la fundación de la Acción Sindical y Económica Chilena, y en la dirección de la revista Mensaje. Su labor, llena de inspiración en Jesús le lleva a afirmar que su ideal es “ser otro Cristo, obrar como Él”.
Es evidente que toda esta acción apostólica no estuvo exenta de dificultades y muchas incomprensiones, pero ante todas ellas siempre primó el deseo de justicia y verdad. En una de sus cartas, el P. Hurtado afirmaba “que hay muchos peligros, y que el terreno es difícil. ¿Quién no lo ve? Pero, ¿será ésta una razón para abandonarlo aún más tiempo? ¿Que alguna vez voy a meter la pata? ¡Cierto! Pero, ¿no será más metida de pata, por cobardía, por el deseo de lo perfecto, de lo acabado, no hacer lo que pueda?”.
De esta forma la vida del P. Hurtado se inscribe dentro de aquellos hombre y mujeres capaces de dar la vida sin reservas, sin miedos, por un ideal mayor. Esos comprometidos que como Luis Espinal decían que “nos da miedo gastar la vida, entregarla sin reservas. Un terrible instinto de conservación nos lleva hacia el egoísmo, y nos atenaza cuando queremos jugarnos la vida”. Fe y justicia van unidas, y eso nos lo recordará siempre el testimonio de este nuevo Santo Latinoamericano, el P. Alberto Hurtado.
*René Cardozo es sacerdote jesuita y diplomado del Instituto de Estudios Políticos de París.
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