Un catedrático de la Universidad de Londres que quiere mucho a Bolivia, acaba de hacer un comentario muy oportuno: “los políticos bolivianos tienen una misteriosa habilidad para encontrar los más terribles problemas para las mejores soluciones”.
Hagamos un ejercicio para descubrir los intereses de quienes encontraron los terribles problemas que han puesto en jaque a las elecciones que estaban previstas para el 4 de diciembre.
Habría que descartar a los diputados que están buscando quedarse unos pocos meses más. No llegan a ser políticos: son apenas unos muertos de hambre.
A Gonzalo Sánchez de Lozada también habría que descartarlo. Si estando en la presidencia no pudo influir en los acontecimientos del país, es poco probable que pueda lograrlo desde Washington.
¿El Tribunal Constitucional? Tuvo que responder a la consulta de si en las elecciones del 2005 había que tomar en cuenta los resultados del censo del 2001. Por supuesto que sí. Atribuir el fallo a una maquinación es absurdo. Los censos se hacen para saber dónde vive la gente y el Parlamento está formado por representantes de las concentraciones demográficas, según dónde se encuentran. Elemental.
A las empresas petroleras les da lo mismo que se hagan o no las elecciones. No están de acuerdo con la nueva ley y menos lo estarán con cualquiera de los candidatos a la presidencia, que ofrecen empeorar las cosas para ellas. Uno propone la nacionalización inmediata, el otro una nacionalización “de los beneficios” y el tercero una compra gradual, aunque forzada, de las acciones de las petroleras. Quizá por ello algunas empresas han optado por irse y tienen ya los abogados para iniciar las acciones legales para obtener reparaciones. Con mucha publicidad están llevándose los equipos hacia el Paraguay, donde se proponen encontrar, lo antes posible, grandes yacimientos de gas natural, muy cerca de la frontera.
El hecho de que el diario “ABC” de Asunción haya revelado el viernes pasado que el Gobierno paraguayo ofreció a Estados Unidos el aeropuerto de Mariscal Estigarribia para una base militar, y que la CIA y el FBI estén abriendo oficinas en Paraguay, no terminan de dirigir el dedo acusador hacia esos países. Además, el embajador de Estados Unidos, David Greenlee, acaba de decir que su país no se propone intervenir el territorio boliviano.
¿Chile o Perú? Esos dos países siguen jugando a la geopolítica con Bolivia. Se sienten grandes frente a Bolivia. Y les encanta figurarse que influyen en Bolivia. De allí no pasan.
¿Los pocos separatistas cruceños? Son sólo unos desinformados. Si supieran cuánto necesita la economía cruceña del resto de Bolivia, se comerían sus palabras.
La realidad es demasiado compleja. Son cinco partidos los que iban a recibir el tiro de gracia el 4 de diciembre. Y lo que queda de ellos se resiste a subir al patíbulo. Bolivia vive un cambio político muy profundo. Cincuenta años de política serán enterrados en las elecciones.
Y, de paso, el surgimiento de un movimiento político entre indigenista y popular que quiere realizar una gran reforma agraria, esta vez en el oriente. Lo malo es que se propone hacerlo cuando el país se ha hecho grande y complejo, con una población tres veces mayor a cuando se hizo la anterior reforma. Todo esto y mucho más.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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