Lamentablemente, los políticos y los que juegan a la política en Bolivia están dejando al país sin esperanzas.
A pesar de los múltiples problemas que debemos enfrentar en nuestra vida personal, los bolivianos también nos vemos obligados a soportar la diaria incertidumbre sobre el futuro del país, las interminables peleas políticas y sectarias, las odiosas confrontaciones regionales, las despiadadas movilizaciones sociales, los insultos y la guerra sucia, que dejan a Bolivia y a los bolivianos un fuerte sabor a desaliento y una sensación de angustia y desesperación.
Bolivia busca desesperadamente una luz en el camino. Ya está harta de la contienda política, de la mezquina confrontación por todo y por nada y, sobre todo, de la falta de amor por la patria, que se pregona por todas partes, pero que, en realidad, nadie la quiere practicar.
Para no perder la esperanza, los bolivianos necesitamos saber si el país puede gobernarse mediante las leyes y la Constitución Política del Estado o es que seguiremos viviendo en una sociedad donde éstas arbitrariamente se incumplen, se negocian o se acomodan a la conveniencia de los grupos de poder que, a nombre de sus derechos o de sus "legítimas aspiraciones", las colocan por encima del interés colectivo o los derechos de los demás.
Necesitamos saber si en el país se puede trabajar o dar trabajo, se pueden adquirir propiedades urbanas o rurales, invertir en activos reales o monetarios, o se pueden hacer planes para establecer industrias o negocios a largo plazo, sin el temor de que éstos sean expropiados, confiscados o, finalmente, invadidos por grupos vandálicos que, bajo el título de "somos los que no tenemos", se atribuyen derechos que van por encima de la misma ley.
Necesitamos saber si los bolivianos podemos transitar libremente por nuestros caminos y carreteras, construidos con el dinero de quienes pagan impuestos y que son sistemáticamente destruidos por los llamados "bloqueadores" sindicales y campesinos. Necesitamos saber si podemos acceder a nuestros aeropuertos internacionales para poder cumplir con nuestros compromisos personales, profesionales o de negocios, o tener acceso a los recursos energéticos o naturales que se producen en Bolivia, para satisfacer nuestras necesidades más inmediatas de transporte o alimentación.
Necesitamos saber si la economía será adecuadamente administrada, con el propósito de garantizar el abastecimiento y la estabilidad monetaria y cambiaria a largo plazo, y permitir el crecimiento sostenido de la economía, con el fin de generar mayores niveles de ingreso y de empleo que, a su vez, permitan terminar con la desigualdad y la pobreza de Bolivia, que nos duele y nos avergüenza tanto.
Necesitamos saber cómo vamos a restituir los valores de justicia, equidad e institucionalidad, que están a punto de perderse en la sociedad, junto a la grave falta de seguridad ciudadana que, día a día, debemos enfrentar tanto en nuestros hogares como en la calle o el trabajo; viendo perplejos cómo, ante la falta de ésta, los grupos ciudadanos toman la justicia entre sus propias manos.
De continuar en el futuro esta larga letanía, a la que seguramente el lector añadirá algunos elementos más, creo que podría llegar el momento en que los bolivianos nos preguntemos si verdaderamente en el país hay un futuro para nuestros hijos o, si éstos, deben hacer lo que cuatro mil bolivianos hacen semanalmente, al solicitar un pasaporte de salida, en busca de una nueva vida que ofrezca paz, tranquilidad, certidumbre y nuevas oportunidades de trabajo, que es lo mínimo a lo que un ser humano puede aspirar. Ojalá que esto no sea así pero, como siempre, depende enteramente de los bolivianos.
Lamentablemente, el enardecer estos terribles sentimientos de confrontación, creo que nuestros políticos y candidatos electorales han hecho poco o nada por ayudar a darnos esta pequeña luz de esperanza. Ojalá puedan entender lo importante que es esto para todos los bolivianos.
*Juan L. Cariaga es economista y escritor.
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