Ya pasó Todos Santos y el Día de Muertos; llegaron las almas sin grandes exigencias, cuando más pedían lo que les había gustado en vida, algo de cerveza, de chuflay, de ají de papa lisas; algunas almas exigentes pidieron ají de cochayuyo, relleno de achojcha, llockalla chupe, queso humacha, y muchas de ellas prefirieron el spaghetti a la andinata, vulgarmente llamado ají de fideos. Pero, de ahí no pasaron, pero mucho me temo que en este año las almas quedaron absortas y sorprendidas por todas las cosas que hacen los vivos, especialmente los “vivos”.
Paralelamente logré advertir también que los fieles estaban un poco distraídos, como que pensando en otras cosas en el momento en que bajaban las almas desde los reductos de San Pedro (No confundir con los viñedos donde se hace el singani, ni ese otro donde hay presos por violar la ley o por otras violaciones). Mientras las mesas estaban puestas, cuando los arcos de caña de azúcar decían presente, cuando había una larga fila de maicillos, —muchos maicillos he comido en la vida, pero nunca supe cómo escribirlos, describirlos es fácil, son como changos que se deshacen a la hora de declararse a sus vampiresas—, cuando la chicha morada llenaba los vasos y los fieles trataban de pensar en las almas que llegaban, a momentos se distraían por tratar de entender qué estarían haciendo los “vivos” del Parlamento o sus equivalentes de los comités cívicos; se sentía que su mente estaba en los escaños, en las exageradas peticiones de unos y la mezquindad de otros.
También habían otras mentes que cavilaban en las garrafas, unos porque ya no tenían gas, otros porque precisaban más garrafas para revenderlas a los taxistas, los más emprendedores pensando de qué modo acumular más garrafas para llevarlas al Perú.
Las almas con cara pálida, en las pocas horas en que estuvieron presentes, no podían entender cómo es posible que haya Comité Cívico de Cochabamba cuando sabían que estaba bien muerto y que no estaba en los cielos ni en el hurgatorio, sino en el infierno. No podían comprender cómo tantos parlamentarios cuyos partidos ya murieron y ellos están enterrados por la sociedad, puedan todavía jugar a quedarse de “vivos” en el Parlamento, postergando toda decisión sobre escaños.
No podían comprender cómo muchos cívicos que forzaron a una pequeña violación de la Constitución para que haya elección de prefectos, ahora se rasguen las vestiduras expresando la necesidad de respetar la Constitución a la hora de hablar de escaños. Tampoco lograban entender por qué si ahora hay más cementerios y más muertos que antes en Santa Cruz, ese departamento no tenga el derecho de poseer un peso mayor en el Parlamento, cuando es bien sabido que hay menos muertos en los cementerio de La Paz, pues muchos prefieren dejar los huesos en el oriente, para evitar que a la hora de su entierro algún bloqueo evite su llegada al campo santo. En fin, las almas quedaron aleladas en esta su visita a los “vivos”. Esta vez tuvieron que retornar al cielo recién el 3 de noviembre por los bloqueos y las varias huelgas que encabezaron eso “vivos”.
*Carlos Toranzo R. es economista y analista político.
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