La élite de los caricaturistas se reunió en Brasil Una cumbre agrupó a algunos de los más conocidos que tiene en estos momentos Sudamérica. El más joven de todos, Juls, es boliviano, cuenta sólo con 21 años y ya demuestra su talento.
Lan, de Brasil, compartía a sus 80 años con Juls, de Bolivia, en los pasillos de un lujoso hotel de Brasilia que alojaba a varios de los presidentes sudamericanos. Pero ni Lan ni Juls, este último de 21 años, estaban allá por una cumbre política, sino por un encuentro sudamericano que reunió a 25 de los mejores caricaturistas de hoy.
Tan importante evento, celebrado el mes pasado, fue la mejor excusa para la inauguración de una exposición con los trabajos de éstos y más caricaturistas sudamericanos, muestra que llegará el próximo año a la ciudad de La Paz.
Además, las charlas se convirtieron en un debate abierto que hábilmente condujo Eliana Caruso, esposa del caricaturista Chico Caruso y directora del Salón Carioca del Humor. Así, bajo su batuta, las primeras discusiones, algo solemnes, dejaron paso al humor que caracteriza a los protagonistas, aunque casi todos decían ser serios.
Reírse de uno mismo "Es importante el valor artístico, la crítica, el riesgo y, sobre todo, la capacidad de poder reírnos de nosotros mismos", recalcó la conductora dando comienzo a las jornadas. "El hecho de que tantos caricaturistas de Sudamérica se encuentren en un mismo lugar es muy importante", alabó casi a continuación.
Luego, cada uno de los presentes fue desgranando a pinceladas todo lo que significan sus caricaturas.
El argentino Caloi, creador de Clemente —personaje muy famoso en el país vecino— fue uno de los primeros en intervenir. "Yo dibujo para no tener que hablar. Por eso, siempre estoy pendiente de cualquier gesto, cualquier ironía". Y es que para Caloi las caricaturas son un importante medio para hacer comentarios políticos y sociales. "Todo se puede a través del dibujo".
Y tiene razón. Como prueba, Caloi cuenta que en unas elecciones en Argentina, como repudio a los políticos, la gente votó por Clemente. "Así, sin estar inscrito, siendo personaje de caricatura, ganó la elección, creían que él no robaría".
El representante de Perú, Carlín, por su parte, opina que "la caricatura refleja el alma del individuo". Para él, además, la mejor caricatura es el tiempo. "Después de los 40 años, todos somos responsables de nuestro aspecto", argumenta.
Para el ítalo-brasileño Lan, mientras tanto, "el oficio es similar en todos los países. Lo único que varía, sin embargo, son los sueldos".
Un arte que se reivindica En ese aspecto coincidieron muchos, que lamentaron que las caricaturas sean todavía consideradas como un arte menor en el entorno de los países latinoamericanos.
No se entiende, y menos aún cuando varios caricaturistas han sido asesinados o apresados simplemente por la labor que realizan.
Vladdo, caricaturista de Colombia, sabe muy bien lo que significa trabajar con la espada de Damocles pendiendo siempre sobre su cabeza. "En mi país, el poder no sólo es del Gobierno o de los militares. También lo es de la Iglesia, los empresarios, los futbolistas... Por eso, lo mejor es que no exista ningún tipo de relación con nadie".
Como contraparte, Colombia es un caldo de cultivo inagotable. Así lo considera, al menos, otro de sus representantes, Pepón. Para él, el lenguaje de las caricaturas es integrador y sumamente universal.
Humor ante la tragedia Otro secreto del oficio es la capacidad de afrontar con humor cualquier tipo de tragedia. Una pícara caricatura de Osama bin Laden con una máquina que genera huracanes es un buen ejemplo. Su autor firma como Jaguar y es brasileño.
Al respecto, Jimmy Scout, de Chile, también lo tiene claro. "Todos los días enfrentamos una tragedia usando el lápiz. El propósito no es la burla, sino que siempre suele ser mostrar alguna crítica a la administración que manejó el problema".
La misma visión comparte Steve Ammersingh, de Surinam. "Aunque no sólo hay que mostrar lo peor del ser humano —recalca—, pues igualmente se debe promover el respeto a la integridad de las personas".
En resumen, se trata de hablar sin palabras, "de provocar una sonrisa interna", dice Aetos, de Chile.
Juls, de Bolivia, el caricaturista más joven de la cumbre, abandera por su parte una forma diferente de hacer caricaturas. Para él ésta tiene que ser más social que política y así lo demuestra en sus trabajos, que durante una temporada pudieron verse justamente en las páginas del diario La Razón. "El humor, el chiste, debe ser sobre todo trascendente desde un punto de vista humano", explica su filosofía.
Sus palabras ahí quedaron, así como el deseo de los presentes de crear una publicación a nivel regional para mostrar algunos de sus trabajos y llegar a más gente.
Mientras tanto, los lectores podrán seguir disfrutando de sus caricaturas retratando sociedades en las páginas de los diarios más prestigiosos de América Latina.