Redacción Fotos: Jamil Chávez /Cortesía del Museo de Textiles Andinos
En los Andes no hay ninguna prescripción de color ni de formas. La libertad en cuanto a la creatividad es amplia. Todos los pueblos pueden crear de acuerdo a su cosmovisión, pero hay ciertas líneas que trazan las identidades y se plasman en el textil. Las iconografías, los espacios, los diseños, marcan la diferencia. El textil es como la firma, y nos permite conocer su procedencia. Así, por ejemplo, no vamos a encontrar dos cóndores similares en dos regiones distintas, y así pasa con todo”, sintetiza Waldo Jordán, director del Museo de Textiles Andinos Bolivianos, ubicado en la calle Benito Juárez del barrio de Miraflores de la hoyada.
Como el mejor repositorio de trajes y texturas que hay hoy en día en el país, el museo es una puerta abierta a los textiles. De esta manera, por ejemplo, entre sus paredes pueden encontrarse vestimentas ancestrales de culturas como la de los kallawaya, jalq'a y los yampara.
En las prendas, además, se cumple la leyenda, que dice lo siguiente: “el creador Viracocha formó de barro en Tiwanaku las naciones todas que hay en esta tierra, pintando en cada una el traje y el vestido que habían de tener... les mandó que se sumiesen debajo de la tierra, para que de allí fuesen a salir a las partes y lugares que él mandase. Y decidió que unos debían de salir de suelos, otros de cerros, otros de fuentes, de troncos, de árboles... a los cuales comenzaron a venerar en cada provincia como guacas principales, por haber comenzado allí su estirpe y su linaje. Entonces, cada región colocaba sus imágenes y estatuas y cada nación vestía siempre con el traje que a su guaca pintaba”. Así, en cada textil se recoge un espíritu distinto.
Una cumbre bien hilada Por suerte, éste y otros temas tendrán cabida en el Primer Congreso Internacional de Tejidos Originarios y de Alta Costura con Materia Prima Nacional, que se celebrará entre los días 22 y 26 de octubre del año próximo. En el evento, participarán tejedores y tejedoras de todo el mundo que exhibirán su trabajo.
“Primero, los textiles aparecieron como protección contra el medio ambiente. Luego, se convirtieron en una forma de abrigo y necesidad y, también, como parte de la elegancia de la persona. A través de los siglos, la vestimenta se ha ido transformando de acuerdo a los requerimientos de cada época, influenciados por órdenes morales, religiosos, sociales, económicos y hasta políticos. Pero no ocurrió así con los tejidos tradicionales, ya que éstos hablan de su cultura, leyendas e idiosincrasia, su medio geográfico y ecológico, su relación con la naturaleza, de la que se sienten parte activa”, resume Karina San Martín, responsable del evento, organizado por KSM Travel.
“Además —añade Jordán—, en ciertos lugares, como los Andes, la iconografía del tejido es muy importante, porque acá antes no pintábamos. En Europa se pintaba y la pintura reflejaba la cosmovisión, la época, el momento, la moda... En los Andes igualmente existe la idea de mostrar la cosmovisión, pero en este caso es a través de los tejidos”.
Como grandes maestros en el arte textil se puede citar a países como China, Japón, India, los árabes y los del norte, centro y sur de América, y todos ellos tendrán presencia en las ponencias y las monografías.
Estas últimas pueden entregarse hasta el 28 de febrero de 2006 y deben ser trabajos de profesionales relacionados con el tema del textil.
Los secretos de los tejidos Por otra parte, la presencia nacional está asegurada, pues se contará con el buen hacer de tejedoras como Elvira Espejo, que tratarán de explicar el proceso para crear las prendas. Y éste se resume en cinco etapas: el acopio de fibras, hilado, torcido, teñido y urdido.
El primer paso, consiste en conseguir las fibras mediante la compra o el trueque. “Si se teje un costal para cargar papas, debe ser una fibra dura, no muy cara, y se usará llama. Si es un tejido para hacer prendas, se empleará ovino. Si es para usos ceremoniales, lo habitual es la utilización de alpaca en colores especiales”, ilustra Jordán.
Luego, el hilado se realiza con ayuda de un huso, con movimientos en giro de izquierda a derecha.
Para el torcido, mientras tanto, se echa mano de una rueca de mayor tamaño, y para esta operación el movimiento es justo al revés que en el hilado, de derecha a izquierda.
El teñido, por su parte, también tiene sus secretos. “Son muy habituales los tintes naturales —explica Elvira Espejo—, como hierbas o pequeños bichos. Cuando son plantas, se muelen las hojas, se dejan reposando en agua fría una semana, después se hierve unos 10 minutos, se agrega el fijador —que suele ser limón—, y tras cinco minutos se mete la lana, se saca y se deja ‘dormir’ toda la noche en una olla de barro, para que los hilos sean bien penetrados por el color”.
Finalmente, gracias al urdido, se plasma la personalidad y la magia de cada cultura en el tejido. Para ello, son indispensables los telares. “El horizontal juega con la trama y el vertical con la urdimbre. Y también existe uno portátil que se coloca en la cintura”, alecciona Espejo.
Con todo, nada sería posible sin las abuelas. “Donde hay una, se mantienen los elementos. Son los recursos tecnológicos de las comunidades”, dice Jordán. Y es por eso que Bolivia no ha perdido esta peculiar forma de describir el mundo.