La FIFA dio la lista para elegir al mejor jugador del año (Botín de Oro) con los mismos prejuicios que la academia elige a los candidatos al Premio Nobel de Literatura.
Conviene que los candidatos sean competentes, pero también es necesario que satisfagan los prejuicios del comité. Lo segundo es más importante que lo primero, asegura Raúl Fain, de la BBC.
En el Nobel, algunos laureados fueron incompetentes desde la literatura, pero fueron “políticamente correctos” y ganaron el premio.
En el caso de los futbolistas, la lista preliminar de la FIFA no contiene a incompetentes, pero deja dudas. Sin embargo, la nómina tiene el amparo de la diosa Tv y ninguno de los candidatos comete el error de pertenecer a un club ajeno al ámbito europeo.
Claro que se trata de clubes importantes, con dos excepciones: el Bolton Wanderers, del nigeriano Jay-Jay Okocha, y el Villarreal, del argentino Román Riquelme.
Los demás son jugadores del Real Madrid, Milán, Chelsea, Juventus, Barcelona, Manchester, Arsenal y todos los famosos.
Brasil tiene siete representantes, pero queda la impresión de que si Robinho siguiese en el Santos no estaría en esta lista.
Inglaterra, cuya liga es la que cuenta con más telespectadores en el mundo, tiene cuatro representantes pero, demás está decirlo, los ingleses no son la segunda potencia de fútbol.
Los prejuicios resultan evidentes. Ciertos jugadores que tuvieron un desempeño mediocre están en la lista; en este grupo figuran Zidane, González, Nedved, Roberto Carlos, Didier Drogba y Henry. Zidane, de calidad sublime, juega a media máquina hace varios años y Drogba apenas jugó y cuando lo hizo fue un desastre.
En contraste, fue más positivo el balance de Luis Figo, uno de los mejores, pero no está en la lista, sufrió la indignidad de ser descartado por el Madrid. Lo mismo ocurre con Michael Owen.
El prejuicio mayor es del éxito, que borra o tiñe, según como se ve: calidad, regularidad, proyección, vigencia. Esos los dilemas de la temporada. Londres, BBC
Hijo sueco de Garrincha visita Brasil
El hijo sueco del legendario futbolista brasileño Garrincha, Ulf Lindberg, está en Río de Janeiro en una “visita sentimental” de dos semanas, donde desea conocer a su familia local.
“Es una gran emoción estar aquí. Desde los ocho años, yo sabía que era hijo de Garrincha, pero no estaba preparado para venir a Brasil. Ahora sí, estoy preparado”, dijo el sueco de 46 años de edad, fruto de la fugaz relación que mantuvo el ex futbolista con una sueca en 1958.
Lindberg fue recibido en el aeropuerto por dos de sus 10 hermanas, que saludaron además al hijo del sueco, Martin, de 16 años, quien inicia una carrera en el fútbol en su país.
El encuentro familiar fue emotivo también para Rosángela y Marcia dos Santos, las dos hijas de Garrincha. Río de Janeiro, DPA