Tal vez por defender su economía, el ciudadano paceño, potosino u orureño pueda sumarse a la idea (por ahora) de mejorar su calidad de vida dignificando el entorno urbano, al incorporar la naturaleza a su vivienda y a sus alrededores.
¿De qué manera podría suceder esto? Tomando en cuenta una ocurrencia que tuvo el arquitecto argentino Marcos Halac que lo llevó junto a su equipo, a ganar la medalla de oro y dólares 100.000 en un concurso por el Premio Holcín 2005 de América Latina, en el que se presentaron 588 proyectos de arquitectos latinos junto a muchos otros de europeos, asiáticos, etc. Este equipo desarrollista, comprometido con la excelencia arquitectónica y el medio ambiente, propone cultivos en las terrazas de los edificios de Buenos Aires, a escala urbana, para disminuir el calentamiento global evitando así inundaciones, favoreciendo a la reducción de polución en el aire, transformar gases nocivos en oxígeno, bajar el consumo de energía, aumentar la biodiversidad, así como los metros cuadrados de espacios verdes favoreciendo la estética urbana.
A partir de allí, nace la sugerencia para que el gobierno de la ciudad (Alcaldía) incentive, en una primera instancia, en las escuelas, hospitales e instituciones a adoptar esta idea a cambio de una reducción de impuestos. Claro está con el objetivo de incorporar en algún momento a toda la ciudadanía.
Tomando en cuenta la realidad de nuestras urbes y que esta iniciativa aportaría a mejorar el cielo y el aire que compartimos, sería bueno el considerar, por el bien global, unirnos a esta propuesta e incluso ampliarla; sembrando o llenando de macetas los techos de los edificios, poniendo jardineras en las ventanas y cuidando el pasto, el árbol, los cactos o las flores de nuestras veredas.
Es probable que lo primero que piensen los habitantes de las casas ediles, sea en la inviabilidad de bajar impuestos por las necesidades apremiantes y tal vez por la dificultad de llevar a cabo el control adecuado de una medida de esta naturaleza. Sin embargo, veo que se presenta una idea con muchas posibilidades de ser aplicada y de grandes beneficios a la hora de poner los valores en una balanza. Con un poco de creatividad se pueden encontrar maneras prácticas y efectivas de realizar algunos sueños.
Los bolivianos en este tiempo, no han tomado conciencia aún del valor de la arquitectura para mejorar la calidad de vida del ciudadano, que
incluye beneficios económicos considerables, si se mira con perspectiva. Muchos arquitectos de hoy y de aquí, hijos del movimiento moderno, donde el aire, la luz, la belleza y la naturaleza son elementos indispensables, son creativos e inteligentes prestos a participar en la construcción de ciudades que tomen en cuenta el tejido humano, su dinámica, los beneficios de espacios de convivencia e integración. Sólo queda convocarlos y hacerlos partícipes indispensables de ese proyecto común que es la construcción de ciudades con habitantes felices y esperanzados.
La ciudad luz en llamas
Irónicamente iluminada, la ilustre París ha quedado eso si patética, perversa y paradójicamente posesionada por la cruenta realidad, la cual dantesca, fulgorosa, fáctica y fatídicamente ha alumbrado las inéditas
El Beni y una visión de su progreso
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Venta de aguas bolivianas a Chile
Con relación a las declaraciones del canciller de la República, Armando Loaiza, “El país analiza vender aguas bolivianas en el Norte chileno” (La Razón, 9/11/05), me permito observar que esta posición es contraria al texto de la Ley N° 2704 promulgada en octubre de 2004
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