... cien mil cuervos acudieron, etc. Pues sí, me refiero al Servicio Nacional de Caminos cuyo actual presidente, hombre íntegro, profesional de gran preparación y, además, apartidista, es objeto de todas las vilezas imaginables por la sencilla razón de que con él al mando de la entidad no se puede robar como antes, y porque está cerca el fin de su mandato. Éste es pues el momento propicio para que los cuervos y las hienas de distintas procedencias se apresten a repartirse el sustancioso botín. Como se ha dicho varias veces en esta columna periodística, es del dominio público que las trapacerías que se cometen en la gestión de las obras públicas —ocurre también en otros países— son el origen de grandes y medianas fortunas mal habidas.
En efecto: abogados, fiscales y jueces sin escrúpulos tuercen la ley para condenar injustamente al inocente. Empresarios que obtuvieron concesiones gratuitas del Estado, pretenden cobrarle a precios leoninos al mismo Estado la piedra destinada a construir caminos necesarios para la vertebración del país y el mejor servicio al pueblo boliviano. Sindicatos que exigen lo que ya cobraron o lo que no les corresponde. Profesionales que reclaman puestos que perdieron por incumplimiento de sus obligaciones. Dirigentes que se las dan de paladines de la anticorrupción que se suman a estas maniobras. Algunos medios de comunicación siempre listos para la denuncia, a veces sin pruebas suficientes, pero reticentes a la defensa del injustamente denunciado, ... todos a una, como si hubieran tramado una conspiración, están procediendo al linchamiento del actual presidente del SNC, uno de los pocos que han pasado por esa institución sin untarse las manos con los billetes de la consuetudinaria corrupción. Por si fuera poco, la vileza llega más lejos cuando los dudosos juicios que deberían tramitarse contra la empresa por la vía civil, administrativa o laboral, se encaminan forzadamente a la vía penal, con la intención de destrozar la reputación personal de la víctima que soporta dignamente las arremetidas de las hienas y las aves de rapiña. Todo para que el perseguido se harte de tanta alevosía y levante las manos frente a la indefensión y a la inseguridad jurídica de las que es víctima.
Para mayor vergüenza de los promotores de estas villanías, se da el caso que en el actual ejercicio se han construido más kilómetros de carreteras y más puentes —además de las reconstrucciones de los afectados por desastres naturales— que en pasadas décadas, cuando grandes sumas de dinero, sea de los contribuyentes o de cooperaciones exteriores, engrosaban las faltriqueras de los mimados por los partidos gobernantes.
Y luego nos hablan de la “institucionalización” de la justicia. ¡Si lo que más necesita la sociedad y en concreto el ciudadano —me da pena tenerlo que repetir— es la depuración del sistema judicial infestado de parásitos que desdoran la majestad de la justicia y su credibilidad! Salvando a todos aquellos que me libraría muy mucho de incluir en esta denuncias.
Muchos peroran sobre “refundar” Bolivia. La más seria refundación sería la moral. Si las instituciones no están fundamentadas en la ética de quienes las conforman, serán castillos de naipes.
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
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