La conferencia episcopal ha santificado una confusión que se escucha por todos lados, y que es extremadamente nociva para el futuro institucional de nuestro país. Me refiero a la idea de que las alianzas, las coaliciones de gobierno, son malas per se, a la idea de que los votos de los ciudadanos son hediondamente negociados, y la voluntad popular escatimada al momento de hacerse una alianza en el parlamento.
Es indudable que los bolivianos hemos sido testigos de manipulaciones groseras a la hora de las negociaciones entre partidos. Que la UCS fue un bodrio que ante todo hizo alianzas para evitar las fiscalizaciones impositivas a su dueño, que Banzer se alió con Paz Zamora porque detestaba a Goni, que hubo corrupción y negociados absolutamente condenables durante los gobiernos de alianzas de los últimos 20 años, es algo que nadie pretende negar, pero no confundamos las cosas, la corrupción nada tiene que ver con una forma de armar gobierno que es absolutamente legítima, y que por lo demás es indispensable para la democracia.
Las alianzas, las coaliciones no son una desviación de la democracia, sino, ante todo en una sociedad como la nuestra, en que el voto ha estado desde siempre fragmentado, son una necesidad imperiosa, sin ellas tarde o temprano, se llega al empantanamiento, por lo demás también pueden ser vistas como un fantástico antídoto contra los extremismos.
En las elecciones de diciembre, la posibilidad de que cualquiera de las tres primeras tiendas electorales consiga un 50% más un voto es nula, y lo sensato sería tener un gobierno compuesto por dos de los tres frentes, lo lógico sería que Tuto se aliara con Doria Medina, porque sus propuestas (y sus pasados) son relativamente similares, y sin embargo, tampoco sería desdeñable una alianza entre UN y el MAS, eso implicaría negociaciones ideológicas más carambolescas, es difícil imaginarse juntos y revueltos al dueño de Burguer King en Bolivia y al campeón del antiamericanismo. Y sin embargo paradójicamente, es posible que ésa sea la alianza que salve a Bolivia, ante todo porque la intransigencia anunciada del MAS y los movimientos sociales amenaza con no aceptar otra cosa que una victoria de Evo, además porque así podrían, Evo reinar y Samuel y Álvaro gobernar encontrando tal vez un aceptable medio. La iglesia ha jugado un rol importante y lúcido a lo largo de nuestra historia, independientemente de las calcificaciones propias de su edad, le tocaría más bien hacer entender a fieles y otros, que las alianzas son importantes, y que como con el matrimonio, no es la institución la que falla, sino el hombre y a veces… la mujer.
*Agustín Echalar es periodista independiente.
Subvenciones peligrosas
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Hace unos días, tres destacados intelectuales cruceños dieron a conocer un manifiesto al país, con un sugerente título: “Para seguir desencantando la tierra”.
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