El desafío de reconstruir un nuevo equilibrio político es mayúsculo. Dada la correlación de fuerzas sociales y la geografía del poder. En 1982, Bolivia recuperó la democracia pero sólo a partir del gobierno de Paz Estenssoro que el sistema político alcanzó gobernabilidad. Durante la administración de la Unidad Democrática y Popular (UDP) con el presidente Siles Zuazo, el país estuvo sumergido en un abismo de incertidumbre tanto social como política, y caos económico. La crisis de gobernabilidad de entonces se concentró en la imposibilidad del gobierno de tener un mínimo apoyo Congresal. La ruptura entre el poder Ejecutivo y Legislativo fue una de las razones que provocaron el adelantamiento de las elecciones. A partir de 1985, se dio inicio a un sistema de gobernabilidad basado en pactos entre partidos en el Congreso, lo que posteriormente se conoció como la democracia pactada. El acuerdo entre el ADN y el MNR dio inicio a un andamiaje político-institucional que perduró por casi 20 años. Con el tiempo este tipo de gobernabilidad degeneró en corrupción, prebenda y el cuoteo del poder. El resultado es que se creó un abismo entre los partidos políticos tradicionales y la sociedad civil. En Bolivia vivimos una grave crisis de gobernabilidad política cuyas consecuencias las sufrimos diariamente.
El país ha decidido reconstruir su sistema de representación partidario a través de elecciones para recrear un nuevo mapa de legitimidad y poder. Los bolivianos también esperamos que renazca un nuevo sistema de gobernabilidad. Todo indica que la confianza ciudadana se depositará en tres proyectos políticos, que aún deben recorrer un largo camino para convertirse en partidos políticos.
El desafío de reconstruir un nuevo equilibrio político es mayúsculo. Dada la correlación de fuerzas sociales y la geografía del poder, estamos frente al reto de construir una gobernabilidad de tres pisos, o si se quiere una gobernabilidad tridimesional que requiere de las mejores artes de la buena política, aquella que produce acuerdos sostenibles.
El reto es construir un nuevo edificio institucional de varios pisos políticos. A continuación los describimos sin que la secuencia signifique prioridad. Un primer piso de gobernabilidad se sitúa en el Congreso. La distribución de senadores y diputados será vital. Quien controle las cámaras habrá dado un paso importante en la construcción del andamiaje político de sustentación del nuevo gobierno. Aquí el desafío es doble. 1) Mantener lealtades y compromisos al interior de sus proyectos políticos. Cabe recordar que el MAS es una asociación de sindicatos y organizaciones sociales de diferente índole. Podemos, a su vez, todavía no pasa de una confederación de agrupaciones ciudadanas y viejos políticos reciclados. En suma, son estructuras políticas muy gelatinosas, donde todo puede pasar. 2) Construir acuerdos de gobernabilidad, entre las nuevas representaciones, para darle oxígeno político al gobierno. Aquí la ciencia de la concertación debe innovar para no caer en los pactos prebendales, para no convertir al Estado en una gigantesca piñata.
Pero este piso de gobernabilidad ahora ya no es suficiente como en el pasado. Las sui géneris elecciones-selecciones para prefectos departamentales serán un hecho político de mucha trascendencia. El poder también se va a construir desde el espacio regional. Se creará un segundo piso de legitimidad y por lo tanto de administración del poder. La gobernabilidad en el país dependerá de las lógicas políticas que se establezcan a nivel departamental. Aunque no es deseable es posible que estemos frente al nacimiento de nueve reyes chitos. La relación que se establezca entre el poder central y regional le dará otra dimensión a la política boliviana, más aún en una situación donde las prefecturas todavía no cuentan con la normativa e institucionalidad para hacer políticas públicas. La distribución de competencias y recursos para las prefecturas será el primer reto de gobernabilidad de segundo piso. Es fácil imaginarse los enormes desafíos, para ponerlo en términos positivos, que tendrá un presidente con nueve prefectos de oposición, en un caso extremo. Nuevamente, aquí se requerirá de enormes destrezas de negociación y capacidad de pacto. La política con letras mayúsculas.
Un tercer piso de gobernabilidad está relacionado con la fuerza que los últimos años han adquirido las corporaciones en Bolivia, sindicatos, juntas vecinales, comités cívicos, centrales obreras para mencionar a las importantes. La sociedad civil está tremendamente empoderada por varias razones. Canalizar esta energía social fragmentada también requiere de mucha habilidad política y capacidad de alianzas. Un gobierno que se enfrente a todos los movimientos sociales tendrá poca capacidad de maniobra. ¿Los poderes locales podrán actuar como colchones de la presión social o más bien amplificarán las reivindicaciones? Esto sólo la práctica lo dirá.
La futura gobernabilidad será como jugar ajedrez simultáneamente en tres tableros. Quien pueda ecuacionar estos tres pisos políticos podrá contribuir al futuro de Bolivia. Caso contrario arrastraremos la crisis institucional y política por mucho tiempo.
*Gonzalo Chávez es economista.
Subvenciones peligrosas
Se podría decir que Bolivia tiene gobiernos transitorios desde casi siempre. Es una transición hacia la formación de una nación; una tarea siempre inconclusa.
A un panal de rica miel...
... cien mil cuervos acudieron, etc. Pues sí, me refiero al Servicio Nacional de Caminos cuyo actual presidente, hombre íntegro, profesional de gran preparación y, además, apartidista,
Matrimonios (non) sanctos
La conferencia episcopal ha santificado una confusión que se escucha por todos lados, y que es extremadamente nociva para el futuro institucional de nuestro país.
Manifiesto
Hace unos días, tres destacados intelectuales cruceños dieron a conocer un manifiesto al país, con un sugerente título: “Para seguir desencantando la tierra”.
Ediciones Anteriores
Publicidad
Encuesta del día
Posponer redistribución para los próximos comicios
Elecciones en diciembre, incluyendo la redistribución