Narcos mexicanos desplazan a las bandas colombianas en EEUU La ofensiva estadounidense contra el narcotráfico en el Caribe, durante los años 80, sería el origen del ascenso al poder de los criminales mexicanos. Los colombianos se vieron obligados a usar Centroamérica y México para enviar su cocaína.
ACCIÓN ANTINARCÓTICOS EN MÉXICO • Agentes mexicanos pesan y catalogan paquetes
de marihuana en un depósito ubicado en la ciudad de Tijuana, el pasado 14 de septiembre.
Sicarios, con pistolas encajadas en los pantalones y transmisores-receptores portátiles amarrados al cinto, se desplazan por esta ciudad de agricultores de sorgo y ganaderos, someten sus botas de piel de avestruz a la destreza de los chicos lustrabotas en la plaza y se detienen en los bares para tomarse una cerveza.
La facilidad y el desparpajo con los que operan —tanto en la localidad de Miguel Alemán como en incontables pueblos en todo México— reflejan el poderío que tienen los carteles de la droga en esta nación de casi 100 millones de habitantes, y el poder que han conquistado como principales abastecedores del hábito de la droga de los estadounidenses, un negocio ilegal de 65.000 millones de dólares.
Las bandas de los narcotraficantes mexicanos han tenido notable éxito en las dos últimas décadas, reemplazando gradualmente a las bandas colombianas en Estados Unidos para controlar la lucrativa distribución de cocaína de costa a costa.
Larry Holifield, director de la Dirección Estadounidense Antidrogas (DEA, por sus siglas en inglés) para México y Centroamérica, dijo a la agencia noticiosa Associated Press que los carteles mexicanos de la droga son ahora los más poderosos del mundo. Su influencia creciente ha sido notable en los últimos años. En el 2003, los traficantes mexicanos fueron responsables por el 77 por ciento de la cocaína que ingresó en Estados Unidos. El año pasado esa cifra trepó al 92 por ciento, dijo en junio pasado a un panel congresional Anthony Placido, titular de inteligencia de la DEA.
Las bandas mexicanas también dominan el creciente negocio de las metanfetaminas y producen el 53 por ciento de las drogas circulantes en “superlaboratorios” en México a medida que Estados Unidos hace sus leyes más estrictas. Gran parte del resto de las drogas se elabora en laboratorios clandestinos en California, también operados por mexicanos, advierten funcionarios estadounidenses. Y como sucede desde hace casi un siglo, México es el mayor abastecedor de marihuana a EEUU y produce casi la mitad de la heroína que se consume al norte de la frontera, sólo detrás de Colombia.
El negocio de la droga ilícita impregna casi todas las facetas de la vida en México. En Miguel Alemán, los narcos impulsan la economía local y dominan a los residentes suscitando una mezcla de temor y admiración, amenazando o sobornando a cualquiera que los enfrente. Los sicarios viajan en furgonetas a prueba de bala y carros utilitarios.
Los traficantes tienen vigías en cada entrada a la ciudad e informantes que recorren las calles en bicicleta para detectar cualquier sospechoso, dicen los pobladores. Toman fotos de los recién llegados, incluyendo periodistas. Incluso detienen a los desconocidos que llegan a la ciudad para preguntarles quiénes son. “Manejan a exceso de velocidad, se meten en sentido contrario y se pasan las luces rojas. Nadie les dice nada. Aquí ellos son la ley”, dijo un empresario que pidió no ser identificado por temor a represalias.
El ascenso al poder de los mexicanos tiene su origen en la ofensiva estadounidense contra el narcotráfico por todo el Caribe en los años 80, que obligó a los colombianos a usar Centroamérica y México como punto de tránsito para su cocaína.
Los colombianos empezaron a pagar a sus secuaces mexicanos en cocaína —en vez de efectivo— reduciendo la necesidad de lavar dinero y dando a las bandas mexicanas una opción de empezar a hacerse cargo de la distribución de droga en EEUU.
Las bandas colombianas, ante la amenaza de las leyes colombianas de extradición como también las severas penas en Estados Unidos, se han ocultado en Colombia para concentrarse en la producción en vez de la distribución. De todos modos, Colombia sigue siendo el mayor productor de cocaína en el mundo.
En Estados Unidos, los criminales mexicanos controlan desde hace tiempo la distribución de drogas en el oeste y el medio oeste. Pero también están penetrando en la costa este para controlar el movimiento de la cocaína desde el lucrativo mercado de Nueva York a otras ciudades del este, dijo la DEA en un informe este año. Pero, las bandas colombianas y caribeñas aún controlan mayormente las ventas callejeras en la región y son responsables por el negocio de la droga en Miami, estado de Florida, según un Informe Mundial sobre Drogas 2005.
Guatemala se ha convertido en un lugar vital de tránsito para la cocaína colombiana y sus costas son el destino de la mayoría de las lanchas rápidas que transportan la mayoría de la cocaína hacia el norte. Desde Guatemala, las drogas se introducen de contrabando a México y luego, por tierra, hasta la frontera de EEUU.
A medida que crece la importancia de Guatemala, las bandas de la droga han empezado a formar alianzas para crear un poderoso cártel cuyo objetivo sería controlar toda Centroamérica, decía hace poco a la agencia noticiosa AP el jefe de investigaciones de la droga en Guatemala, Adán Castillo. Paradójicamente, Castillo y dos de sus principales subalternos, Jorge Aguilar García y Rubilio Palacios, fue detenido el pasado martes en EEUU, bajo la acusación de conspirar para meter droga a ese país, mientras asistían a un curso de capacitación en control de tráfico de drogas en puertos.
La mayoría de las bandas mexicanas de drogas son dirigidas por ex agricultores o ex policías del estado de Sinaloa en las costas del Pacífico, una zona agrícola donde las actividades ilícitas datan de la era de la Prohibición.
Las dos bandas principales del país son el Cártel de Juárez, basado en Ciudad Juárez, frente a la ciudad texana de El Paso, y el Cártel del Golfo con sede en Matamoros, al otro lado de la frontera de Brownsville, Texas.
Está ganando terreno Joaquín “El Chapo” Guzmán, supuesto aliado del Cártel de Juárez que escapó de una prisión de máxima seguridad en el 2001 y que ha librado una guerra sangrienta por el control de las rutas del contrabando en la frontera.
Otrora mortales enemigos, el líder del Cartel del Golfo, Osiel Cárdenas, y su contraparte de Tijuana, Benjamín Arellano Félix, han unido sus fuerzas en la cárcel, con la esperanza de mantener bajo su control ambos extremos de la frontera con Estados Unidos, dijo José Luis Santiago Vasconcelos, subprocurador de investigaciones especiales en delincuencia organizada de la Procuraduría General.
“Grupos criminales como los del Chapo Guzmán (están) tratando de posicionarse en estos lugares y empieza a generarse una gran ola de violencia porque se matan entre ellos y se generan guerras que van más allá de los límites de las drogas y territorios ya que se vuelven en aspectos personales de venganza ... parece un bola de nieve que se viene haciendo más grande”, dijo Vasconcelos.
Después de asumir en el 2000, el presidente mexicano Vicente Fox lanzó una campaña contra el negocio de la droga y logró apresar a varios jefes, incluyendo Arellano Félix y Cárdenas.
Pero los arrestos no han hecho nada para retrasar el flujo de drogas hacia el norte, con un aumento del 25% en las incautaciones en el 2004 con respecto al año anterior. El año pasado, México incautó 27,5 toneladas de cocaína, y otras 24,7 toneladas fueron confiscadas al entrar desde México, principalmente por Texas, según la DEA. EEUU calcula que sus ciudadanos gastan 65.000 millones de dólares anuales en drogas, unos 20.000 millones más que lo que destinan a bebidas alcohólicas.
Los beneficios de la droga han permitido a los narcos mexicanos “comprar” a cientos de policías, incluyendo el titular de la agencia antidrogas, general Jesús Gutiérrez Rebollo, despedido en 1997 y hoy encarcelado.
También suelen suministrar los únicos empleos estables y bien pagados en la zona rural de México. Los barones de la droga suelen ser reverenciados por ayudar a renovar la iglesia de un pueblo o por comprar uniformes de fútbol a una liga juvenil.
“Mientras no los molestes ellos no se meten contigo”, afirmó un vendedor ambulante de Miguel Alemán que no quiso dar su nombre por temor a represalias.
Los traficantes suelen darle una propina de 10 dólares después de gastar un dólar en su puesto, dijo el vecino. Pero, la vida con los narcos no siempre es pacífica. Recientes arrestos han suscitado una sangrienta guerra territorial a lo largo de la frontera de 3.200 kilómetros que obligó al gobierno de México a despachar soldados y agentes federales a muchas ciudades clave.
La peor violencia este año ha sido en Nuevo Laredo, a 160 kilómetros al este de Miguel Alemán.
Más de 150 personas han muerto, incluyendo un flamante jefe de Policía que fue acribillado en junio, apenas ocho horas después de asumir el cargo.
Funcionarios mexicanos y estadounidenses dicen que los jefes de la droga luchan por las valiosas rutas de contrabando en Nuevo Laredo, el cruce fronterizo comercial más activo de productos mexicanos a EEUU.
Aunque Nuevo Laredo está lleno de agentes federales y soldados, apenas los hay en Miguel Alemán, a 160 kilómetros al sur de la frontera con Texas. Los sicarios de la ciudad viajan a lo largo de la frontera defendiendo su territorio y ejecutando asesinatos por encargo, para ocultarse sólo cuando pasa por la ciudad la ocasional caravana de soldados, dicen los residentes.
La influencia de las bandas mexicanas y su violencia preocupan a EEUU. En agosto pasado, el embajador estadounidense en México, Tony Garza, cerró brevemente el consulado en Nuevo Laredo, en parte, según explicó, para castigar a México por no haber contenido la violencia en esa ciudad fronteriza. Luego se disculpó por su declaración.
El gobierno federal dijo en octubre que despachaba otros 1.000 agentes para asistir a los 9.690 que ya estaban protegiendo la frontera con Estados Unidos.
El secretario de Justicia estadounidense, Alberto Gonzales, decía en octubre que planeaba enviar un equipo especial de agentes federales al estado de Texas para ayudar a combatir la creciente violencia fronteriza. El gobernador de Texas, Rick Perry, prometió 9,7 millones de dólares para financiar un plan para reforzar la seguridad en la frontera. Miguel Alemán (México), AP
Los traficantes tienen vigías en cada entrada a la ciudad mexicana de Miguel Alemán e informantes que recorren las calles en bicicletas.
Un jefe antidroga de Guatemala fue detenido el pasado martes en Estados Unidos acusado de conspirar para llevar droga a ese país.
Los barones de la droga suelen ser reverenciados por ayudar a renovar la iglesia de un pueblo o por comprar uniformes de fútbol a una liga juvenil.