En democracia, toda campaña electoral implica contraposición de ideologías y programas. Tras la decisión del candidato presidencial del MAS de no participar en debate alguno con “un hijo del neoliberalismo”, como llama a Tuto Quiroga, surge la interrogante sobre el móvil real de semejante actitud. Conste que le podría disparar el mismo calificativo a Samuel Doria Medina, pero sin cargarle la tinta, como lo hace con Tuto, a quien, además, le atribuye ser “gemelo” (político, se entiende) del ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada.
¿Estrategia que apunta a réditos proselitistas en la recta final del proceso electoral? ¿O miedo a salir mal parado en un debate sobre ideología y programa?
En democracia, toda campaña electoral implica con-
traposición de ideologías y programas. Blanco contra negro. Rojo contra azul. Un grisáceo o un verde contra todos los demás colores. Frente a la pantalla chica, el elector, particularmente el indeciso, inclinándose por lo que considere la mejor opción tonal.
Pero sobre todas las cosas, ansiando ver en este cuadrilátero a los candidatos que aparecen de primero y segundo en las encuestas. En el caso, a Evo frente a Tuto. No con fintas o amagos de guerra sucia salpicada de adjetivos y acusaciones, sino con explicaciones serias sobre viabilidad de propuestas programáticas. La expectativa generada por esta pelea de fondo era bastante grande en el público de la galería. Unos querían ver a Tuto tendido en la lona y otros a Evo en la misma situación.
De pronto, la pelea se suspende porque Evo considera deshonroso batirse con un púgil neoliberal. Entonces, ¿con quién debe debatir? ¿Con uno que piense igual que él? Un debate así sería sobre las pegas a conseguir llegando al poder pero no sobre lo que hacer desde del gobierno... Nos imaginamos la silbatina sucedánea a esta retirada. Especialmente, en las capas medias de las ciudades, a las que se les privó del “show” que esperaban con tanta ansiedad. Silbatina para Evo y el MAS, por supuesto.
Difícil que lo anterior no tomaran en cuenta los asesores de Evo pero previsible también que analizaran cuál era la peor alternativa: que Morales emprendiera las de Villadiego para escudarse después en justificaciones que no convencen a nadie o que terminara aporreado por un Tuto con formación académica, reciente experiencia gubernamental y bagaje de información. Cosas éstas de las cuales carece el Jefe del MAS, circunstancia que no le permitiría sindéresis alguna en la polémica con el adversario. Esto último, específicamente, entre lo que diga y lo que se lee en el programa de gobierno que le elaboraron sus asesores.
Definitivamente, no estamos ante estrategia alguna con fines proselitistas. La inseguridad y el miedo son los móviles reales de la decisión de la dirigencia del MAS de que su candidato no vaya a debatir con los “hijos del neoliberalismo”.
*Mario Rueda Peña es abogado y periodista.
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