Una urna de granito renegrida y desvencijada por el tiempo cubre el túmulo de quien fue el mejor puntero de todos los tiempos en Brasil, Manoel Francisco dos Santos, el célebre Garrincha.
La morada triste de Mané, tal como le decían, la última del hombre que en vida fue considerado la “alegría del pueblo”, es una más, quizá de las peores, en un humilde camposanto plagado de mosquitos, abandonado a su suerte y desierto de visitantes.
Espacio indigno para la grandeza de un jugador que con los pies ayudó a Brasil a conquistar ls títulos mundiales de Suecia'58 y Chile'62, y al Botafogo a hacerse con los campeonatos cariocas de 1957, 1961 y 1962.
Es insólito, sin que ningún empleado del cementerio de Raíz da Serra pueda explicar por qué, la discretísima placa de piedra que anuncia el sitio donde Garrincha “descansa en paz” reposa junto a otra lápida de un tal Jorge Rogoniski.
El misterio persiste. No se sabe si es otro difunto que comparte el sepulcro, o de algún vivo que quiso perpetuarse junto al “ángel de las piernas torcidas”.
De esto fue testigo Ulf Henrik, el hijo sueco de Mané. “Ni en Suecia, España o Argentina se trata a un héroe así”, dijo tras visitar el cementerio.
Garrincha murió en la miseria por cirrosis, el 20 de enero de 1983, y fue sepultado en el municipio vecino de su Pau Grande natal, a 70 km de Río de Janeiro.
“El que daba alegría a los brasileños, ¿qué recibe desde entonces? Nada”, reiteró Ulf, que sigue las huellas del padre que no conoció pero que trató a través de algunas cartas
Ulf es fruto de una de las muchas aventuras amorosas que tuvo en su agitada vida Mané. Esta fue durante una excursión del Botafogo por Suecia en 1959.
Moreno, nariz y labios gruesos y piernas torcidas, atributos que lo hacen una “copia viva” de Garrincha, según quienes conocieron a uno y a otros.
“Ulf es todo él. Su rostro, su boca, la nariz. Es como mi padre en vida”, dijo Rosángela, una de las 12 hijas de Garrincha que estuvo con el sueco. Brasil, EFE
Flamengo no tiene algo que celebrar
El popular brasileño Flamengo, de Río de Janeiro, cumplió el martes 110 años de vida en uno de los peores momentos de su historia, cuando se debate en una dura lucha por escapar de lo que podría significar un inédito descenso.
En la recta final del Campeonato Brasileño 2005, donde figura en el puesto 16 entre 22 equipos, Flamengo llega a un nuevo aniversario carcomido por los nervios cuando faltan apenas 4 fechas para terminar el torneo.
Al igual que en el 2004, el 'Mengao' padece el fantasma de la caída a Segunda División que le obliga a no perder puntos.
En octubre, hinchas, jugadores y Santana acudieron a la iglesia del barrio Laranjeiras para rezar y pedirle a San Judas Tadeo, patrono de causas imposibles, escapar al descenso. Río, AFP